Día 8: Llegada a Venecia (Italia) y vuelo a casa
No sabemos con exactitud a qué hora llegamos a Venecia, pero estaba programado a las 6:45 horas y cuando nos levantamos ya estábamos allí.

La recogida de maletas se hace a buen ritmo, a nosotros nos llaman a las 9:35 y a y 45 ya las tenemos con nosotros para meter todo lo que no queremos llevar de paseo por Venecia. Allí al lado, tal y como se nos informó en el barco, hay una compañía que se ocupa de guardarnos las maletas (5,25 €/maleta) y dárnoslas cuando volvamos a coger el transporte que nos lleva al aeropuerto (Venecia 1937 portabagagli del porto).
Nuestra familia hace todos los trámites porque ya teníamos pagados el transfer y salen pronto hacia Madrid, pero nosotros hacemos otro plan porque tenemos el vuelo a Barcelona y sale casi 4 horas más tarde que el de ellos, a las 21:55 y pasaríamos en el aeropuerto 7 horas de espera.
Esa misma empresa, «por suerte», tiene otros servicios. En concreto, pagamos 12,50 €/maleta para que nos las lleven al aeropuerto. Nos indican que nos situemos a las 20 horas en la parada de taxis de «salidas» y que la recojamos en una furgoneta que llegará con el logo de la empresa.

Desde el muelle, vemos posibles combinaciones para ir a alguna de las islas que nos interesaban, pero tiene mala combinación. Como ya cogimos un taxi-barco el primer día, nos compramos un ticket del «people mover» en una especie de estanco – tienda de souvenirs o algo por el estilo por 1,5 €/persona y nos encaminamos, ya libres de maletas, hacia una especie de puente por el que llega y te recoge. En una sola parada llegas cerca de la estación de tren de Santa Lucía, es cuestión de un par de minutos como mucho. Mientras esperamos a que llegue, escasos 3 minutos, reservamos el Mirador T. Fondaco Dei Tedeschi para las 13:45 horas del que os hablamos en nuestro primer día en Venecia.

Caminamos hacia San Marco por una zona que el primer día no vimos. Mires hacia donde mires, Venecia es precioso, aunque con gente, no es la masificación de algunas fotos que vimos de turistas en agosto. Y lo mejor de todo es que hace una temperatura espectacular y sol.
Primero pisamos el Puente de Calatrava, cierto es que para el tiempo que lleva está un poco pocho… y le ha salido un poco caro. Seguimos por la iglesia de Santa Lucia recto hasta la Fondamenta que recibe el mismo nombre, luego a la izquierda hasta el Rio Terà Lista di Spagna, a la derecha hasta Rio Terà S. Leonardo y de nuevo a la izquierda hacia Capiello de l’Anconeta por la calle Pignater. Desde aquí llegamos al Mirador T. Fondaco Dei Tedeschi donde no se puede subir a ver las vistas sin reservar. Os pedirán el mail de confirmación.

Esto es el recorrido que hicimos callejeando, pero en cualquier esquina podéis encontrar fachadas de palacios espectaculares, pequeñas iglesias preciosas, rincones con una fuente o una puerta o un detalle que la hacen especial. Así que mira hacia arriba y disfruta de lo que veas.

Como llegamos muy pronto, aprovechamos para comer por las cercanías. Era muy pronto, las 12:15 horas, pero ya hacía una hora que caminábamos y nos vino bien sentarnos en un restaurante. La verdad es que no buscamos mucho pero comimos bien (menú de pescado y menú de carne, agua y una cerveza por 45,90 euros. El menú era un primero de pasta y un segundo de carne o pescado. Cuidado con la bebida porque hace subir los precios de menús) pero los platos estaban muy ricos, el lugar bonito y el servicio atento, aunque no tengo el nombre ni dirección… ¡lo que hace relajarse un momento!
Acabamos a las 13 horas así que nos vamos de tiendas por las callejuelas de alrededor del mirador. Hay muchas con cositas de cristal de Murano y comparando precios, vemos que en el barco todo era más caro aun teniendo descuento. Iñigo me regala un collar precioso y muy alegre (que estoy usando un montón), nos tomamos un heladito (5 euros), y ya subimos por las escaleras mecánicas de la galería comercial donde está el mirador. Queríamos curiosear un poco y no nos decepciona; por dentro están muy bien restauradas y las tiendas muy bien decoradas, aunque los productos, me temo, son demasiado exclusivos para nosotros.

Arriba hay una sala de espera con aire acondicionado, así que no sufriréis mucho la espera, y las vistas valen la pena, os va a encantar:
Cuando salimos, nos dirigimos hacia el Puente de Rialto, que ya vimos el primer día pero que nos quedamos con ganas de fotografiar mejor. Hay un rinconcito al que se llega por la misma calle del mirador donde la gente espera turno (cuidado que no se os cuelen… 🙂 ).

Y desde ahí seguimos hacia San Marco, pasando por la Fondamenta de la Maddalena, viendo que hay la presentación de la exposición del argentino Echegaray, en una galería de arte muy curiosa.

Hasta llegar de nuevo al lugar más visitado de Venecia:

Después de pasear un poco por la plaza de San Marco, vamos al muelle más cercano a ver horarios de los vaporettos, porque queríamos aprovechar para ir a sitios menos turísticos, o más alejados y con menos gente:
- Muelles de Venecia frente a San Michele
Simplemente, es dar un paseo por le muelle donde dejan las góndolas amarradas.

- Riva degli Schiavoni
Es la orilla que se extiende desde por la cuenca de San Marcos, desde el Ponte della Paglia sobre el «Rio di Palazzo» (al lado del Palacio Ducal) hasta el «Rio di Ca’di Dio», hay unas casetas prefabricadas donde se puede comprar ticket y subir a un Vaporetto para hacer excursiones fuera de la zona más turística.
Su nombre viene de antiguo, de hace más de 600 años cuando los marineros y artesanos de Dalmacia crearon una cofradía con ese nombre justo aquí, donde amarraban sus embarcaderos para comerciar.

Nos tomamos un capuccino (8 € los dos), mientras decidimos que vamos a visitar Burano en vaporetto y de allí tomar otro hasta Murano, de donde sale el que nos lleva directamente al aeropuerto.
Como son dos trayectos (el del aeropuerto es otra compañía), no sale a cuenta el billete de 24 horas (vale 20 €/persona) ya que cada trayecto de 75″ vale 7,5 €/persona y necesitamos dos, así que sale 5 €/persona más barato.
- Burano

Se tarda 45 minutos desde Fondamenta Nuove (la 14 es la línea que va directa, pero también llega la línea la Isla de San Michele entre otras).
En el trayecto aprovechamos para ir viendo otras islas, escuchar música y leer… en definitiva, descansar para luego recorrer las islas a tope, porque nosotros salimos desde San Marco y tardamos 1 hora y 15 minutos.

Paradas: San Marco / Lido / Punta Sabbioni / Treporti / Burano
Dicen que es la isla más bonita de todas, pequeña y con poco turismo, aunque cada vez va más gente.
Parece que las casitas de colores de todo el arco iris no son casualidad, sino un remedio para encontrar su casa cuando los pescadores volvían de faenar en días de niebla.

Hay que buscar el puente de mármol de la calle Giudecca para ver el campanario inclinado de 53 metros de altura, que permanece hundido al suelo con una inclinación de 1,83 metros y la Piazza Galuppi donde están todas las tienditas y restaurantes. La iglesia no tiene un interior demasiado interesante.

Son típicos los cubos de los pescadores en sus puertas, el encaje que se hace, especialmente, en Casa Emilia (cerca de la Plaza de la Iglesia) de forma artesanal.
Si os quedáis a comer o a cenar, probad el Risotto y el Spritz (recomiendan el Al Fureghin como restaurante tradicional y económico).
Como os imaginaréis por la cantidad de fotos que comparto de esta pequeña isla, nos quedamos maravillados. Su colorido, sus casas recién pintadas y sus calles mantenidas con entresijos a descubrir y la tranquilidad que se respira, nos enamoró.
Se puede ver tranquilamente en hora y media. Nosotros estuvimos algo más callejeando, de 16:20 hasta las 18:00, probando sus dulces para merendar que nos saben a gloria (7 € los dos) y ponemos rumbo a la siguiente isla.
- Murano
Llegamos en 33 minutos exactos a la isla de Murano, la más grande (5.000 habitantes) de Venecia, y la más famosa por el cristal que fabrican de forma artesanal. Se puede visitar el Museo del Vidrio con más de 4.000 piezas o bien aceptar el ofrecimiento que te harán por la calle e ir a visitar una fábrica y ver demostraciones de soplar el vidrio (sabiendo que luego se debe hacer alguna compra, claro).

Cuando llegamos nos sorprendió mucho la poca gente que se veía por las calles. Los comercios ya empezaban a cerrar sus puertas y el colorido de sus casas, mucho menos llamativo que el de Burano, nos hizo verla más triste. Sin embargo, observando las fachadas de sus palacios, no podemos decir que sea menos bonita ni de menos interés.

En el poco ratito que tuvimos, menos de una hora, nos damos un buen paseo por sus callejas, buscando cómo llegar a sus iglesias, que se ven por toda la isla pero cuesta encontrar por lo laberínticas que son sus calles. Curiosamente son las más antiguas de la laguna, concretamente la Basílica de Santa María y la de San Donato.

Desde Murano nos fuimos al aeropuerto. Hay dos líneas diferentes: la primera la descartamos por precio y tiempo, ya que 14 €/persona y te lleva en vaporetto hasta una parada donde haces trasbordo en un bus que te lleva al aeropuerto, pero es una hora más. Por eso cogemos por 8 €/persona el que te lleva directo y tarda 30 minutos. Se coge al final de la calle en la que te deja el vaporetto, dejando el faro a tu espalda y caminando en dirección a la isla de Sant Michele. Nosotros salimos en el de las 19:10 para no ir agobiados y llegar a tiempo a por las maletas (19:40 horas).
¡Se nos hace corto viendo anochecer en la costa veneciana!

Del muelle que bajas hasta la terminal hay unos 6 minutos (no 12 como indican) andando por el interior del aeropuerto.
A pesar de llegar casi un cuarto de hora antes, la compañía no nos avisa de que han dejado las maletas en consigna por ser los últimos viajeros de su lista, y tras una hora de espera, embarcamos dejando llamadas y mails que no nos contestan en todo el fin de semana.
No podemos cenar por haber perdido el tiempo con las maletas, pero nos tomamos un mix de pizza y panini por 6,70 €/unidad. Con lo bien que desayunamos a la llegada, esta vez nos parece un robo.
Salimos puntuales a las 22 horas, llegando a las 23:55, muy puntuales, y en Barcelona el servicio de recogida de coches funciona a la perfección así que, como no tenemos equipaje, salimos hacia Terrassa sin perder tiempo y abrazamos a mi madre sobre las doce y media.
Ha sido un día fantástico en Venecia (ver el primer día allí), lo hemos aprovechado muy bien y hemos visto cosas que yo no conocía, así que nos vamos a dormir muy satisfechos, con la guinda de un pastel (es decir, el crucero familiar por el mediterráneo) que nos deja un muy buen sabor de boca.

Para no dejaros con la intriga, os puedo contar que tras unos cuantos mails, la compañía nos mandó las maletas a nuestro domicilio. Las recibimos una semana después con todo el contenido pero por desgracia con algunos desperfectos.
En todo caso, la empresa se hizo cargo y nos compensó económicamente, por lo que creemos que fue un caso aislado. Además, en todo momento admitieron su equivocación y se disculparon, por lo que seguramente volveríamos a utilizar su servicio y por ello no vamos a dejar de recomendarlo y agradecerle la atención a Antonio (en cualquier caso, si tenéis experiencias con ellos, os invitamos a que nos lo contéis con un comentario al final del blog).
Eso sí: ¡aseguraros bien de cómo y dónde os van a hacer la entrega de las maletas! 🙂
Otras excursiones que no hicimos:
- Isla de los Muertos de Venecia
No nos dio tiempo a ir, pero lo pudimos ver desde Murano, y lo anotamos para nuestra próxima visita a Venecia.
La Isla de San Michele ocupa 160 m2 y se puede visitar en los vaporettos 4.1 y 4.2 que salen de la F.te Nove B (creo que es la línea “Murano” y la parada 5061). Tardan 7 minutos (el muelle está a 18 minutos a pie de San Marcos) o 20 minutos desde Fondamenta Nuovi, ambos tienen frecuencia de cada 20”. El vaporetto cuesta 7,50€ por 75 minutos de utilización. Haciendo varios viajes puede salir a cuenta el billete de 24 horas por 20€.

Paradas: F.te Nove / Cimitero / Murano Colonna / Murano Faro / Murano Navagero / Murano Museo / Murano Da Mula / Murano Venier / Murano Serenella / Murano Colonna / Cimitero / F.Te Nove

Paradas: Murano Venier / Murano Da Mula / Murano Museo / Murano Navagero / Murano Faro / Murano Colonna / Cimitero / F.Te Nove
En la isla se ubica el campo santo de la ciudad, que dispone de otros dos en la isla de Lido (la entrada es gratuita y cierra a las 18 horas).
Igual que hizo en París con el cementerio de Montmartre, fue por orden de Napoleón (1804) que se trasladaron a esta isla los entierros, por considerar insalubre mantenerlo en el centro de la ciudad, donde normalmente se construían las iglesias, en sus traseras los cementerios.

Está amurallado de ladrillo rojo para protegerla de las mareas, y capillas de piedra blanca.
Efectivamente, al atardecer se ve precioso el ladrillo rojo con los árboles y edificios en contraste, detrás.
Fue independiente y se llamó San Cristóforo della Pace hasta que en 1836 se unió a la de San Michele, nombre tomado del monasterio San Michele in Isola (de fachada blanca), donde se encuentra la iglesia de Mauro Codussi (X) que fue construida por las familias Briosi y Brustolana, y posteriormente administrada por los monjes camaldulenses. De hecho, fue colegio y prisión hasta pasar a manos franciscanas.
Desde 1813 en el que se construyó por Giovanni Antonio Selva en el lugar que ocupaba el monasterio de San Cristoforo, el cementerio se ha ido ampliando, la más celebrada la del arquitecto Forcellini que añadió el hemiciclo y una iglesia neobizantina, la de San Cristóforo, la de mayor controversia, por Chipperfield en 2008, por su forma laberíntica de diseñarlo que recuerda a Venecia, y en 2014 la última con jardines. Se divide en zonas: para protestantes, ortodoxos, católicos, evangélicos, gondoleros, militares, monjas y sacerdotes.

Dentro se pueden ver panteones, pero no están en buen estado. Se pueden ver las tumbas de famosos como la del compositor ruso Igor Stravinsky (zona ortodoxa) aunque murió en Nueva York, la del fundador de los Ballets Rusos Sergei Diaghilev en la que siempre hay flores y zapatillas de ballet, del Nobel ruso Brodskij, la del poeta antisemita y amigo de Mussolini Ezra Pound, entre otros. Impactante la “Bella dormida” que esculpió Emilo Butto para la tumba de la noble rusa Sonia Kaliensky, que se suicidó en el Hotel Danieli tras un desengaño amoroso en los carnavales, a principios del siglo XX.
Los féretros se trasladan hasta el monasterio de San Michele en las “barca dei morti” que son góndolas muy elegantes con ángeles dorados, silenciosas y con gondoleros con vestidos con sus atuendos de duelo.
- Torcello
Desde Venecia se tarda una hora desde la estación Fondamenta Nuove, así que tengo muy claro que podamos ir.
En su día fue una de las islas más pobladas, especialmente en la época de los Bárbaros, pero ahora está casi abandonada.
La Basílica de Santa María Asunta de Torcello (639) se construyó en época bizantina, su interior está dedicado a la virgen María, tiene columnas de mármol griego y está muy bien conservada. Precio: 5 € o 9 si subes al Campanille, con buenas vistas, no espectaculares o si subes a la Iglesia de Santa Fosca también bizantino y que se construyó para homenajear a una joven de mismo nombre de origen libio, por las torturas a las que le sometió su padre hasta matarla, por convertirse al cristianismo a sus 15 años. Su cuerpo reposa en el interior.
Dice la leyenda que cuando los guardias fueron a arrestarla, un ángel la salvó, sin embargo, ella fue libremente a entregarse a su padre.
El Museo de Torcello cuesta 3 euros y muestra arte bizantino, restos grecorromanos y mosaicos bizantinos. Fuera hay que buscar el trono en el que se sentó Atila en el siglo V.

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