En nuestro tercer día y el trote del día anterior nos «obliga» a no madrugar mucho, aunque a las 8 ya estamos en pie desayunando gracias al Spar que hay frente a nuestra habitación.
Salimos a las 9:45 horas y cogemos los tranvías 5 y 60 para llegar a las 10:20 a Schönbrunn.

El Palacio de Schönbrunn es conocido como el Versalles vienés (1559) y de las atracciones más visitadas de Viena. Es el más grande de la ciudad y fue residencia de verano de la emperatriz Sissi y parte de la dinastía de los Habsburgo. Algunos dicen que puedes estar todo el día viendo sus 40 aposentos imperiales, los jardines con sus laberintos y su Glorieta en una pequeña colina desde donde verlo en todo su esplendor. También se puede ver el zoo más antiguo del mundo (1752) el Schönbrunn. Su horario es de 8 a 17:30 horas y el precio varía mucho dependiendo de lo que se quiera visitar: 40€ el Grand Tour, 20€ el Imperial Tour, y los jardines son de acceso libre excepto el laberinto (5,50€ ) y la glorieta (3,80€), que básicamente es una torre donde hay un bar restaurante y tiene buenas vistas. También hay un Zoo cuya entrada es de pago (26€). La visita es imprescindible, aunque las entradas sean así de caras, pero hay que escoger bien según los intereses y gustos de cada uno, claro.




Se pueden adquirir en unas máquinas en el hall y online, donde se puede encontrar mejor precio. Nosotros cogimos la entrada más barata, que permitía entrar al «State Apartments» y nos pareció suficiente, porque al final son salones y más salones y los que no permiten esa entrada se supone que no son tan bonitos, ya que no son los principales. Hay frescos, lámparas preciosas, como en cualquier palacio de esta categoría.
Paseamos por los jardines, que requieren bastante tiempo y están muy bien mantenidos con flores preciosas, estatuas, fuentes… pasamos por la rotonda y el torno se abre… parece que alguien había pasado una entrada para varias personas y coló. Las vistas son bonitas a pesar de que empezaba a chispear.



Parece que era nuestro día, porque entramos en el laberinto sin entrada pasando con una pareja que llevaba carrito de niño… no lo hagáis. Luego debes volver a pasar la entrada para salir, así que tendrás que buscar otro carrito 🙂
Es divertido, sobre todo si vais con niños. Seguimos paseando por los jardines hasta las 13:45 horas, cuando nos volvemos al centro en el tranvía 60. Encontramos un lugar donde comer un frankfurt rápido (mi preferido el bosna con un toque de curry que le da un sabor increíble) por 5,50€ cada uno. Os recomiendo probarlo porque no os dejará indiferente, es espectacular. Luego nos tomamos un café helado y un postrecillo dulce por 12€ en unas galerías cercanas. Estamos en lo que parece la estación central, llamada Westbahnhof, así que desde ahí seguimos camino tomando el 5 y en Albertgasse el 2 hasta el centro, llegando a las 15:36 horas.




Damos un paseo y entramos en alguna tienda, compro unas postales y los respectivos sellos. Alucinamos con el precio de los zapatos. ¿Alguien sabe por qué son tan caros? La ropa, todo en general, pero aquí es una diferencia increíble.

Nos vamos hacia la casa de Mozart que no es más que una fachada que da entrada a su museo. No entramos y seguimos a poco más de las 17 horas hacia Stadpark. Paseamos buscando la estatua de Strauss y volvemos al centro. Entramos en la iglesia de A. Peter en la plaza de mismo nombre. Seguimos hacia la Judenplatz para ver el Monumento en memoria del Holocausto. De hecho, se ven bastantes grupos de judíos.

Son ya las 19 horas y nos vamos a cenar al Japanika un poco de sushi, gyozas y noodles por 20€, y a las 20 horas ya estamos en casa gracias a nuestro tranvía 2.
Hemos hecho 22.650 pasos, no ha sido un día improductivo, pero ya solo nos queda un día en Viena, así que hay que descansar para al día siguiente estar a tope.

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