Crucero: Día 4

Día 4: Atenas (Grecia)

La hora de llegada era a las 12 del mediodía, y la vuelta a las 20.30 horas, así que aprovechamos para hacer deporte en el gimnasio del barco, muy bien equipado por cierto.

Puedes asistir a diferentes clases con monitores especializados: yoga, pilates o gimnasia. Normalmente hay una gratuita a primera hora, sobre las 7, y unas horas después otra de pago.

Estirando con vistas a Atenas, con 4 millones de habitantes

A pesar de que sabemos que salimos en las horas de más calor, hoy es un día importante porque tendremos la oportunidad de hacer una excursión a la Acrópolis de Atenas, y sus famosos monumentos de la época clásica de Grecia, considerada la Edad de Oro o el Siglo de Pericles.

Para ello, como somos 13 personas variaditas, nos sale más a cuenta alquilar un mini-bus con chofer para 5 horas (30 €/persona) e incluímos un guía de habla hispana (50 €) que nos hace un recorrido muy chulo y nos va explicando lo que vemos y curiosidades de los sitios.

La opción de ir en el autobús turístico es la más recomendable si no sois un grupo numeroso. Hablamos con otros viajeros y les fue de maravilla tanto por tiempo como por lugares que visitar.

Cuesta 15 €/persona y hace paradas de 15 minutos en cada lugar, pero si quieres estar más tiempo en cualquiera de ellas, puedes esperar al siguiente y continuar trayecto. Tienen una frecuencia de 15 minutos.

El itinerario empieza en el puerto, pasamos por su pequeña y única playa llamada Mikrolimano que además tiene un puerto deportivo. Luego vemos la colina Castelar con mansiones a derecha e izquierda, seguimos hacia el puerto hasta el estadio Paratinaicos donde se celebraron los primeros juegos Olímpicos Modernos en 1896 por iniciativa del francés Pierre de Coubertin.

Esta vista es desde la calle, no vale la pena pagar entrada si no dispones de mucho tiempo o algún interés especial

Seguimos en coche pasando por el jardín nacional, y otros edificios construidos para los juegos Olímpicos, haciendo otra parada en el templo de Zeus Olímpico (también del siglo VI a.C pero que no se terminó hasta siete siglos después, en el año 132 d.C, por el emperador Adriano). Es un ejemplo de arquitectura corintia de 96 metros de largo y 40 de ancho. De sus 104 columnas originales, solo podemos ver hoy 15 pero impresionan sobremanera. Medían 15 metros de altura y como el resto de la construcción, eran de mármol pentélico.

El arco de mármol de 18 metros de altura es la Puerta de Adriano (131 d.C) y los restos cercanos corresponden al Templo de Dioniso (VI a.C) que, con un aforo de 17.000 espectadores, es el mayor teatro griego. Es muy curioso que un lugar en el que la gente asistía para rendir culto al dios que estuviera dedicado, se fuese reconvirtiendo hasta celebrar teatro, pasando por representaciones de mimos y danzas. El precio de la entrada es de 12€ (aunque si vais a la Acrópolis ya está incluida en la entrada), y cierra sus puertas a las 15 horas.

Llegamos a la Acrópolis, es decir, a la «ciudad alta», casi a las 14:30 horas, compramos la entrada de 20€ y entramos un cuarto de hora después. Un poquito antes de llegar vemos el Museo de la Acrópolis, que es muchísimo más grande, unas cuatro veces más que la propia Acrópolis.

Vamos viendo los puntos más interesantes. Empezando por el punto más alto e interesante:

  • El Partenón (447 – 432 a.C): es el templo más importante por estar en la gran roca sagrada, la más alta, y por ser el de mayores dimensiones. Una construcción dórica de casi 70 metros de largo por casi 31 de ancho y 10 metros de altura construidos por Calícrates e Ictino y decorados por Fidias, quién esculpió la estatua de Atena Parthenos en marfil, madera y oro, de unos 10 metros de altura… ¡imaginad cómo debía impresionar!

En la arquitectura griega hay tres tipos de «órdenes» o estilos según cómo sean sus elementos. Así el dórico es el más antiguo y sencillo, el jónico es también propio de los siglos VII y VI a.C. pero sus capiteles tienen formas de espirales y caracoles, y fueron evolucionando en formas más esbeltas y finas. El corintio es del siglo IV a.C. y sus capiteles se decoran con hojas de acanto, es la evolución del jónico, pero más ornamentado.

  • Desde los miradores se ve el Mausoleo de Filipapus, donde se encuentra la cárcel en la que estuvo recluido Sócrates hasta su muerte.
  • Templo de Atenea Niké (420 a.C): en este caso fue solo Calícrates quién se encargó de la construcción de tipo jónico para conmemorar la victoria sobre los persas en la batalla de Salamina. La escultura de madera de Atenea personificada como Niké o diosa alada, simbolizaba las victorias navales, a la que se le cortaron las alas para que se quedara en la ciudad. La estatua más famosa, de oro y mármol está en el British museum. Desde su última restauración, de 2010, ha quedado libre de andamiajes.
  • el Erecteion (420 – 406 a.C): se ubica en la zona más antigua, al lado del Partenon, es del orden jónico y también fue dedicado a la diosa Atenea. Dicen que cuando Poseidón, quien competía con Atenea por ser el dios protector de Atenas, clavó su tridente en la roca, brotó este maravilloso edificio de mármol pentélico (de la montaña griega de Ática). Pero en realidad lo construyeron Filocles para consagrar a Atenea, Poseidón y el rey Erecteo. Destacan las cariátides (columnas con forma de estatuas siempre mujeres) aunque son copias de las originales (¡cómo no! están en el British Museum).
  • En plena subida están los Propileos (437 – 432 a.C): están ubicados en la entrada y fueron residencia del arzobispo, palacio durante la ocupación franca y arsenal para los turcos. La construcción de Mnesicles de mármol pentélico con un techo azul elementos dorados como estrellas.
  • el Teatro o Templo de Dionisio (VI a.C): el primero de nuestra civilización que aprovecha la accidentalidad del terreno y se construyó en honor al dios del vino y del teatro, donde Sófocles, Esquilo y Aristófanes representaron obras, mucho tiempo después de los rituales que en sus inicios se celebraban allí.
  • Para acontecimientos musicales Tiberio Claudio Herodes Ático construyó a su mujer el Teatro Odeón (161 d.C) donde se celebra el Festival de Atenas desde 1955.

Como su propio nombre indica, está en la parte más alta de la ciudad, concretamente, a 156 metros sobre el nivel del mar, por lo que casi desde cualquier lugar de Atenas se puede ver, como muchos lugares considerados sagrados para los dioses.

Actualmente, estos monumentos están rodeados de grúas, andamios, cuerdas y focos… en una restauración que parece no tener fin, pero supongo que cuando tenemos en cuenta que son 25 siglos los que llevan en pie, tras asedios, guerras, incendios y derrumbes hay que considerarlo un daño colateral. De hecho, hasta el siglo XVII cuando los venecianos les bombardearon, la antigua ciudad estaba casi en perfecto estado de conservación. Posteriormente, en el siglo XIX muchas esculturas de valor incalculable fueron vendidas al embajador Lord Elgin quien las revendió al British Museum.

El mármol nuevo es el más blanco, el antiguo el que ha perdido más color.

También hay que tener en cuenta que cada año la visitan más de cinco millones de turistas, así que hay que ir concienciados de que hay gente por doquier y que no siempre es fácil moverse hasta el lugar que quieres.

Nosotros, sin embargo, tuvimos mucha suerte o quizás por ser septiembre, encontramos menos gente de lo que esperábamos, y aunque hacía calor, tampoco fueron temperaturas tan elevadas como las previsiones, así que ¡todo fue mucho más positivo! 🙂

El Ágora Romana o Foro romano fue antaño la plaza pública de Atenas (construida entre los años 19 y 11 a.C), estaba rodeada por una columnata de mármol estilo jónico alrededor de sus 100 metros cuadrados donde se llevaban a cabo las actividades comerciales, mercantiles y albergaban las letrinas públicas. Tenía el patio revestido también de mármol y dos puertas de entrada, aunque de todo esto sólo se conservan en la actualidad pequeñas partes de las columnas. Sin embargo, la Torre de los Vientos (II a.C) de mármol se conserva muy bien, ya que en el siglo VI se utilizó como capilla en vez de como reloj público solar e hidráulico. Se puede ver a lo lejos, preciosa, desde la acrópolis.

Antes de irnos de la Acrópolis (la vemos en poco más de una hora, a las 16 horas ya salimos), vemos una roca imponente con una lápida en la que hay algo escrito en griego. Nuestro guía, Panos, nos explica que es desde donde tiraban a los niños que nacían con alguna minusvalía. Se llama Arios Pagos, el Dios de la piedra, es el tribunal y también el lugar escogido por el Papa Juan Pablo cuando se dirigió a los griegos en su última visita.

A los pies de esta colina, se encuentra el barrio de Plaka o el barrio de los Dioses. Allí, por un lado, se puede visitar el Museo de Instrumentos Populares, el Ágora griega y el Ágora romana, entre otros lugares. Y por el otro, aprovechar para comprar regalitos o platos típicos del país mientras se callejea por callecitas estrechas y adoquinadas encantadoras.

Seguimos bajando por la ladera hasta llegar a la zona Anafiotika del mismo barrio de Plaka, llamada así porque muchos griegos vinieron a trabajar de una isla llamada Anafos, para construir el Parlamento. Comemos justo en la calle paralela de la Iglesia de la Metamorfosis (ensalada griega y calamares, musaka y una especie de guiso con unas salchicas-chorizo picantitas exquisitas, agua y una cerveza grande por 31 € los dos).

Familia Madina casi al completo, comiendo en Plaka

Paseando por Plaka vemos el Monumento de Lisícrates, un antiguo faro que está en la calle dedicada a Lord Byron, enamorado de Grecia que murió aquí cuando se unió a la lucha contra los turcos.

Paramos en el Parlamento, aunque no podemos ver el cambio de guardia, y seguimos hasta el puerto, porque nuestro guía nos aseguraba que no quedaba tiempo… nos sisó media hora, evidentemente, no nos gustó ya que nos quedamos con ganas de alargar el paseo por Plaka, mirar tienditas y respirar su ambiente (sigue aquí …/…).

Otras visitas que no hicimos:

El Ágora Griega o Ágora Antigua, a diferencia de la romana, era el centro cultural, político, social y religioso, aunque también hacía las veces de mercado y se daban intercambios comerciales. Se descubrió en una ampliación de vías ferroviarias y se demolieron más de 350 casas modernas (1957) aunque los edificios descubiertos no se conservan demasiado bien, a excepción del Templo de Hefesto (460-415 a.C), es de gran importancia por su antigüedad y por ser el centro de la ciudad en su día. Precio: 8 €, 4 estudiantes.

Kerameikos es el nombre de un barrio del siglo XI a.C que se le apoda el Cerámico porque es donde se encuentra el gran cementerio del Cerámico, es decir, la necrópolis de Grecia con lápidas y restos funerarios.

La Biblioteca de Adriano estaba rodeada por una galería que cubría 122 metros de largo por 80 de ancho mediante 100 columnas, con un patio en el que hubo una iglesia (XI d.C que sustituyó a las que fueron construidas en los siglos V y VIII). La biblioteca se recuperó en 1885 aunque sus restos no están muy bien conservados, sí puedes imaginar su enormidad y la gran cantidad de obras que disponía. Adultos: 4 €, estudiantes: 2.

Información útil

Hay una «Entrada combinada» que incluye la Acrópolis, el Ágora antigua, el Ágora romana, el Teatro de Dionisio, Kerameikos, el Templo de Zeus Olímpico y la Biblioteca de Adriano: 30 € (solo la Acrópolis vale 20) y 15 € estudiantes. Para que salga a cuenta deberéis hacer tres excursiones diferentes.

Las empresas que hacen excursiones y que parecen mejores son (en orden de preferencia): Civitatis, Shore2Shore, Excursionesparacruceros.com (los auriculares los cobran).

Línea bus 400: recorre 20 sitios por 5 €. Paradas: Museo Arqueológico o Av. Patision, 44.

O el autobús turístico: https://www.citysightseeing.gr/products/cruise-ship-passengers-1-day-athens-and-piraeus

Iglesia de San Nicolás

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Antes de regresar al barco,como era pronto (faltaban 2 horas para la hora límite de estar en el barco, eran casi las 17.30 horas), nos acercamos a una iglesia dedicada a los pescadores que está justo en frente, la Iglesia de San Nicolás, con sus cúpulas azules y bonitos frescos en su interior, donde dejamos unas monedas y nos regalan una estampita.

Para acabar con un día tan intenso como este, a las 18 horas entramos en el barco directos a la piscina y el jacuzzi para relajarnos y luego prepararnos para la cena.

Hoy es informal y sugieren ir vestidos de los ’80 pero en general no tiene mucho éxito, es difícil improvisar un disfraz así. Sin embargo, los espectáculos son divertidos, el equipo de animación va vestido genial y lo pasamos muy bien bailando al ritmo de la música, aunque lo más destacado es la participación de Espe y Javier en un concurso de parejas, que no ganan, pero nos hacen pasar un rato divertidísimo.

Día 5: Mykonos (Grecia)

Día 6: Argostoli (Grecia)

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