Día 1. Varsovia
Nuestro avión salía de Madrid a las 6:30 horas y llegó a Varsovia a las 10.00 aproximadamente. Tomamos un tren, un autobús y un metro hasta nuestro hotel, con un único billete de 34 pl. podíamos viajar los dos durante todo el trayecto hasta el hotel. No os olvidéis validarlo en cada uno de los transportes que utilicéis.
Varsovia (“Warszawa”) es la capital del país desde 1596 cuando el rey Segismundo III Vasa decidió trasladarla de Cracovia. El origen de la ciudad la vincula con Dinamarca, ya que se basa en la leyenda de las dos hermanas sirenas que vivían en el Báltico, cuando una quedó varada en lo que hoy es el puerto de Copenhague y la otra descendió por el río Vístula, hasta llegar a la ciudad que fundó con ayuda de sus dos amantes, Wars y Sawa, cuya combinación de nombres dio lugar al nombre actual. De ahí el emblema de la ciudad, una pequeña sirena armada con una espada y un escudo, pues esta prometió quedarse y socorrer a los habitantes de Varsovia cuando estuvieran en peligro.

Como tantas otras ciudades polacas, fue muy castigada durante la II Guerra Mundial. De hecho, cuando tocaba a su fin, la ciudad se encontraba en ruinas en un 85% y la mayoría de la población había muerto, huido o había sido deportada a los campos de concentración, pues más de un tercio de la población era judía, aunque actualmente esta comunidad es prácticamente inexistente.
La UNESCO declaró el casco viejo de la ciudad Patrimonio de la Humanidad, tras la tarea emprendida por las autoridades comunistas y el pueblo polaco para levantar de nuevo su capital, respetando los trazados originales, pero nueva casi en su totalidad.
La ciudad también es conocida por el acuerdo de cooperación militar entre la URSS y los países de la Europa del Este, como medida para contrarrestar la OTAN, ya que estaban bajo dominio soviético: el “Pacto de Varsovia”. Por eso no es de extrañar que hoy en día queden altos bloques grises de la era soviética al lado de rascacielos modernos de reciente construcción, entre barrios históricos reconstruidos y parques intemporales.
La capital está justo en el centro-este del país, en la provincia de Mazovia, dividida por el río Vístula en la ribera izquierda, la más turística y la orilla derecha, por donde se extiende el encantador barrio de Praga. Debido a que Frédéric Chopin, el gran compositor, nació a 60 kilómetros de la capital (en una aldea llamada ?elazowa Wola), en muchos parques se celebran conciertos gratuitos de música clásica, en especial en los Jardines Reales del parque Lazienki, los domingos de julio a agosto de 12 a 16 horas.

Si no tenéis información al llegar, podéis dirigiros a la Oficina de Turismo está situada en uno de los bajos del Palacio de la Cultura.
Cuando llegamos al hotel lloviznaba, aun así, salimos a la calle con la esperanza de poder visitar el máximo de la ciudad, ya que teníamos solo un par de días para ello.
Nuestro hotel estaba muy cerca del Museo de la Insurrección de Varsovia o Museo del Alzamiento (Muzeum Powstania Warszawskiego): Horario: de 10 a 18 horas.
Está situado en una antigua planta eléctrica del tranvía de la ciudad, que abrió sus puertas en 2005. Como llegamos en domingo, día en el que todos los museos de la ciudad son gratis (20 PLN resto), no dudamos en entrar. Primero hay que sacar las entradas en un pequeño edificio, y luego hacer otra cola para entrar, así que si os organizáis uno en cada una, entraréis más rápido (nosotros estuvimos unos 40 minutos esperando, pero valió la pena).
El museo está muy bien ambientado y es muy moderno. Repasa cada uno de los días en los que se llevó a cabo la sangrienta insurrección de Varsovia contra las tropas nazis desde el 1 de agosto hasta octubre de 1944, con un saldo de 200.000 polacos muertos, mientras que los soviéticos esperaban en el otro lado del río Vístula sin intervenir. Sus exposiciones, proyecciones de películas, fotografías, recreación de ambientes sonoros, muestran con cierto «realismo» desde los combates a la vida diaria de aquellos que se alzaron y el destino de los insurgentes. De forma cruda, se palpa los horrores de la ocupación y el terror de la postguerra.

Tras una pequeña parada para tomar un café, nos estrenamos como ciclistas y fuimos en bici hacia el centro, sin perder detalle de las calles y edificios que íbamos dejando a nuestro paso. La mezcla de casas viejas, medio derrumbadas, con los modernos rascacielos y las tiendas y centros comerciales, es increíble.
Y poco a poco, en el horizonte, íbamos viendo el imponente Palacio de la cultura y las Ciencias o el Ayuntamiento (donde está turismo también), situada en una plaza, una zona medio ajardinada, grande, con el contraste de los edificios modernos al fondo y el gran bloque de cemento soviético que es el palacio. Este edificio es famoso en Catalunya porque sale en la presentación del programa de TV3 “Polònia”. Fue construido en tiempo récord, 1952-1955, como regalo de los soviéticos, que lo construyeron con 3.500 de sus obreros.
Lo recomendable es subir a la terraza Mirador de 30 pisos y 231 metros de altura (abierto de 9 a 20 horas), precio: 20 PLN, o 22 PLN si subís de 20 a 23:30 horas. Como estaba muy nublado y lleno de gente que asistía al teatro, nos cortamos y no subimos.
Parece que no gusta mucho a los ciudadanos, hasta el punto de decir que desde su torre hay las mejores vistas de la ciudad porque es el único sitio donde no se ve el propio edificio… a nosotros nos gustó, nos pareció ese toque decadente y majestuoso a la vez.

Al lado, está Monumento a los héroes caídos durante el alzamiento del gueto, en el año 1943, que fue construido sobre la ruinas, el 19 de abril de 1948 coincidiendo con el quinto aniversario de la sublevación judía en el gueto. En uno de las caras vemos a los insurgentes del gueto mientras que en la otra se ven en la “marcha hacia el exterminio”. Las placas son piedras de Suecia encargadas por Hitler, para levantar un monumento en honor al III Reich tras su victoria. Enfrente también puede visitarse el museo judío (25 Pln, de 10 a 18, jueves gratis), pero nosotros no entramos.
Era ya bastante tarde para buscar restaurante y no queríamos perder mucho tiempo para aprovechar que el domingo es el día de los museos, y ver alguno más. Así que comimos en un McDonalds que vimos por el camino (Marynarska, 15), fieles a la tradición de probar una especialidad de cada país. Y valió la pena. En Polonia las hamburguesas son enormes, tan grandes o más como las fotos que vemos aquí haciendo publicidad. 🙂 Tomamos una Wiesmac y una doble, que se llama podwojny, que picaba a nivel polaco, pero buenísima, adictiva diría yo. ¡Os la recomendamos! Hay menús por 10 Zl, nosotros comimos por 28,80 zl. los dos.
De camino al Museo Chopin, nos pilló un tormentón de aquí te espero. Nos resguardamos durante bastante rato, y finalmente nos arrancamos a buscar dónde dejar las bicis, ya que estábamos muy cerca, a pesar de la lluvia. Para colmo de la mala suerte, no había sitio para anclarlas, pero por fortuna estaba justo el chico que se ocupaba del mantenimiento, y aunque no hablaba inglés y no nos entendía por gestos, conseguimos que nos las recogiera.

La verdad es que no coincidimos mucho con alguna opinión de otros blogueros que lo definían como muy interesante, será porque no apreciamos tanto su música, pero el Palacio de los Ostrogski, donde se encuentra, es un edificio barroco pequeño pero muy bonito, especialmente sus escaleras. En sus salas, con su música de fondo y aparatos donde escuchar sus obras y al mismo músico hablando, se expone la colección más grande del mundo de objetos relacionados con Chopin (autógrafos, notas, cartas, manuscritos, un piano, entre otras cosas relacionadas con su vida, su familia y las mujeres que tuvieron relación con él, en especial George Sand.
Horario: de 11 a 20. Precio: 22 PLN. Domingos gratis.
Cerca podéis visitar la Iglesia de la Santa Cruz.
Después de esta excursión, ya más secos, nos dirigimos de vuelta al hotel deseando de poder tomar una ducha calentita y cenar algo. Por suerte, al rededor del hotel había un par de pizzerías (Dominos pizza 8,39 euros un par de medianas y dos cervezas sin alcohol), un kebab y un supermercado que cerraban tarde, así que cenamos, hicimos nuestras compras y nos fuimos a descansar.
El día estuvo bien porque vimos dos de los tres museos que queríamos ver, a coste cero, además de un primer contacto con la ciudad que nos había gustado bastante, las bicis… habíamos aprovechado el tiempo, pero el clima no nos había respetado mucho, y si no mejoraba dejaríamos de verlo como una anécdota del primer día…
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