Polonia.Varsovia II

Día 2. Varsovia

Hoy hace un día tristón, pero parece mejor que el día anterior.

Habíamos reservado todo el día para ver la Ciudad Vieja de Varsovia (caminando se puede subir por las escaleras mecánicas que salvan el desnivel) en nuestras bicis, para callejearlas a tope, aunque habíamos leído que se veía en un ratito.
Las autoridades comunistas reconstruyeron el centro histórico de Varsovia tras la II Guerra Mundial para sorpresa de los ciudadanos y el resto del mundo, recibiendo cierto rechazo de algunos, no convencidos del resultado del “nuevo” casco antiguo o “Stare Miasto”, ya que algunas restauraciones, como apuntábamos cuando hablamos de la Barbacana, se parecen más a los edificios de siglos atrás, que a los de antes de la guerra. A pesar de todo, en 1980 se declaró Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO.

Empezamos por el Camino Real, hay un montón de gente por sus calles, y todos los edificios son encantadores. Nosotros fuimos paseando, y nos íbamos parando según tropezábamos con monumentos o edificios interesantes.

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Si preferís ir directamente a la Ciudad Vieja y desde allí volver por la vía Real, podéis ir en tranvía. Las líneas 13, 20, 23 y 26 llegan hasta esa zona.

La primera parada fue en los Jardines Sajones u «Ogród Saski«. Un parque muy  bonito donde hay diferentes fuentes y esculturas. A destacar «la tumba del soldado desconocido»  erigida tras la Primera Guerra Mundial (no la segunda) en 1925, con guardia que es relevada cada hora.

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Llegaréis hasta el Palacio Staszi, sede de la Academia Polaca de las ciencias y la estatua a Nicolás Copérnico, la estatua de Charles de Gaulle y la última parte de la Vía Real, la calle Nowy Swiat, que desde el siglo XVII es un largo bulevar lleno de tiendas, cafeterías y restaurantes, en contraste con la antigua sede del Partido Comunista Polaco, un gran edificio blanco de líneas arquitectónicas soviéticas que paradógicamente, se convirtió en la Bolsa tras la caída del régimen.

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Seguro que alguno se nos pasó por alto, pero los más importantes son: el monumento a Adam Mickiewicz, el poeta lituano, la Iglesia de las Carmelitas (del siglo XVII, y que no sufrió daños en la Gran Guerra), el Palacio Potocki-Czartoryski (actualmente sede del Ministerio de Cultura y donde Napoleón conoció a Maria Walewska, su famosa amante polaca), el palacio presidencial Radziwill, donde se firmó el pacto de Varsovia, frente a la estatua de Jósef Poniatowski, héroe polaco y sobrino del último rey, y pegadito el Hotel Bristol.

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Encontraréis diferentes edificios de la Universidad, fundada en 1818, clausurada en 1830 y reabierta en 1915, el Palacio Kazimierz, residencia de verano de los reyes y por un tiempo de Chopin, igual que el Palacio Czapski, actualmente sede de la Academia de Bellas artes. Dicen que su corazón fue traído de París, donde descansa su cuerpo, y se conserva en la Iglesia de la Santa Cruz de los Misioneros, que se encuentra frente a la entrada principal de la Universidad (también reconstruida en 1944).

CuriosidadesMirad bien los detalles de la ciudad… en algunos bancos, hay unos pequeños altavoces que pueden activarse para escuchar piezas de Chopin mientras descansas.

Justo antes de entrar ya en materia, podréis ver la Iglesia de santa Ana con su torre, de 1454, a la que se puede subir por los 150 escalones de piedra (5 PLN), y rendir homenaje y jurar fidelidad al rey como hacían los príncipes polacos . Leímos que se hacían conciertos de órgano. Abren de lunes a viernes de 10 a 21 horas, y los sábados y domingos de 11 a 22 horas (Precio 5 PLN). ¡Vale la pena subir!

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La Ciudad Vieja o «Stare Miasto», es medieval y está cerrada al tráfico, completamente peatonal. Nada más llegar a la gran plaza del Mercado o «Rynek Starego Miasta», construida a finales del siglo XIII, veréis unas casitas renacentistas preciosas, de un desorden atractivo y que eran el centro administrativo, comercial y cultural de Varsovia, pues se celebraban tanto ferias, como celebraciones y ejecuciones.  Veréis la estatua de la Sirena, símbolo de Varsovia y una fuente manual, y el Museo de Historia de Varsovia, que permite ver el interior de una casa varsoviana y un documental sobre la ciudad antes de ser destruida, aunque nosotros no entramos.

Domingo: gratis, lunes, miércoles, viernes de 8 a 18 horas, jueves de 8 a 20h, sábado, domingo de 10 a 18 horas (más información).

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Pero es el Castillo Real (1971 y 1984), el verdadero protagonista total por su color y ubicación, que fue construido por los duques de Mazovia y se amplió cuando el rey Segismundo III Vasa trasladó la capital a Varsovia. Allí residieron los reyes polacos desde comienzos del siglo XVII hasta finales del siglo XVIII.

Horario: Viernes de 10 a 18h, jueves de 10 a 20h, domingo de 11 a 18h. El domingo es todo gratis, resto 23 PLN/persona.

A pesar de que lo queríamos ver, las largas colas nos hicieron desistir, no queríamos verlo a codazos, y con rodearlo y ver un poco el patio y ver el centro de la Plaza del Castillo o “Plac Zamkowy” con la estatua original del rey Segismundo III vigilando, nos conformamos.

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Si habéis visto «El Pianista» dirigida por el polaco Roman Polanski, recordaréis que los nazis rodearon con un muro de 3 metros de altura el gueto judío desde el Palacio de la Cultura hasta el monumento Umschagplatz, para concentrar 450.000 judíos polacos (unas 370.000 personas, un tercio de la población de Varsovia). En 1945, 6 años después, apenas eran 300, tras la muerte de 100.000 por enfermedades y malas condiciones higiénicas, 300.000 deportados al campo de concentración de Treblinka y el asesinato de 6.000 tras los bombardeos y ejecuciones de 7.000, tras el alzamiento armado por parte de los judíos. Para hacernos una idea, más o menos su centro estaría donde ahora está el rascacielos de cristal de la compañía aérea LOT, y el moderno centro comercial.

Callejeando por toda esa ciudad vieja, encontramos rincones muy bonitos.

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Además hay pequeñas plazas y cafés donde hacer paradas. Buscad la campana, la estatua de Madam Curie, la Sirena (símbolo de la ciudad, antes comentada), y cualquier rincón con encanto…

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De ahí, veréis al fondo a la derecha, otra de las partes históricas de Varsovia que más ganas teníamos de ver: la Barbacana y la Puerta de San Florián.

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Fuimos paseando, rodeando por fuera la muralla, viendo sus torres, las preciosas casas de alrededor, las explicaciones que han colgado en forma de carteles, e imaginando cómo sería la vida allí en el siglo XVI, cuando se construyó, y antes de que desapareciese parcialmente. Afortunadamente, tras la II Guerra Mundial, fue reconstruida, pero en vez de volviendo a su estado anterior, según su aspecto original, tomando como referencia los grabados del siglo XVII. Casi no quedaba nada en pie, y utilizaron ladrillos de antiguos edificios demolidos en Nysa y Breslavia, ante la falta de material.

No os perdáis los detalles mientras paseáis por los laterales, como la pequeña estatua del niño, monumento al pequeño isurgente en Varsovia.

Justo en frente, hay un restaurante pequeñito con terraza donde sirven platos típicos, así que empezamos a degustar sus especialidades con una buena cerveza.

Una vez vista la parte vieja y con el estómago lleno, nos montamos en nuestras bicis y empezamos a recorrer la parte menos visitada de la ciudad por los turistas, aunque sí transitada por los varsovianos y sus perros, deportistas y alguna parejita de enamorados. Paralelos al río Vístula, viendo en nuestro lado las traseras de los edificios (el Castillo Real en la foto), pudimos tener una pequeña vista del barrio de Praga, que por lo que leímos, decidimos no visitarlo.

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Es una zona verde cruzada en varias partes por nudos de carretera, un caos, hasta que llegamos a la zona nueva o “Nowe Miasto”. Surgió a finales del siglo XIV, prácticamente al mismo tiempo que la parte antigua pero funcionando como burgo independiente hasta 1792. Aquí se instalaron los nuevos pobladores llegados a Varsovia para servir como artesanos y sirvientes y que fueron ubicados extramuros de la ciudad. En el siglo XVII se trasladó parte de la aristocracia, que construyó palacios barrocos y neoclásicos, la mayoría reconstruidos tras la II Guerra Mundial. La calle Freta, una de las más populares de Varsovia, es la principal, con muchas tiendas de antigüedades, restaurantes y cafés con terraza. Esta calle lleva desde la Barbacana a la Plaza Nueva y por el camino se pueden ver diferentes puntos de interés.

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La iglesia del Espíritu Santo la habíamos visto callejeando, fue construida entre 1707 y 1717 por los padres paulinos de Czestochowa. Es de estilo barroco, con dos torres y fue reconstruida fielmente después de la II Guerra Mundial. También son interesantes la casa de Sansón, con fachada neoclásica que cuenta la historia de Sansón y Dalila y la casa natal de Madame Curie, que expone objetos personales de la científica. El museo está en el edificio de enfrente, pero no entramos. Horario: De 10.00 a 16.30 horas, percio: 11 Zl.

Es un espacio más amplio que la plaza de la Ciudad Vieja y más tranquilo. Su centro está más despejado después de que a finales del siglo XIX fuera demolido el Ayuntamiento. La plaza está dominada por la iglesia de San Casimiro, de estilo barroco con planta de cruz griega, que ha sido reconstruida. También interesante la iglesia de la Visitación de la Virgen María de ladrillo y estilo gótico, y más antigua de la Ciudad Nueva, dentro de un pequeño parque, el Palacio Sapieha, barroco del siglo XVIII y la iglesia barroca Franciscana.

Por la zona de la calle Miodowa se pueden ver diversos palacios, en su mayor parte barrocos, la Plaza del teatro, antiguo corazón de Varsovia. A un lado vemos el enorme edificio del teatro, neoclásico. La fachada está decorada con un friso que representa el regreso de Edipo de los Juegos olímpicos. Delante vemos las estatuas de Moniuszko, padre de la ópera polaca, y de Boguslawski, promotor de la construcción del teatro. Es la sede de la Ópera nacional y el Teatro Nacional. Enfrente estaban una pequeña iglesia consagrada a san Andrés y el Palacio Jablonowski, que se usó como ayuntamiento desde 1817 a 1819. Aún se ve hoy en día.

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El Monumento Umschagplatz, erigido en 1988 y que marca el lugar donde los judíos eran deportados en tren al campo de concentración de Treblinka. “Umschagplatz” significa literalmente el lugar de retirada. El monumento son unas paredes de mármol en las que se han inscrito los nombres de pila de 3000 judíos y la leyenda “Por este camino de sufrimiento y muerte fueron conducidos más de 300.000 judíos en 1942-1943 desde el Gueto de Varsovia hasta las cámaras de gas de los campos de exterminio nazis”. El monumento se supone que tiene forma de vagón (se tiene que tener mucha imaginación para ver eso).

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Empezaba a escurecer y estábamos bastante cansados, así que nos metimos en un centro comercial muy moderno y espectacular a picar algo de cena y esperar a que anocheciera para fotografiar el Ayuntamiento. Mientras, concretamos las visitas del día siguiente, pues ya podíamos coger nuestro coche de alquiler y las posibilidades eran muchas. Y volvimos a nuestro hotel en nuestras bicis. Esta vez, ¡el día había respetado de verdad!

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Día 3. Varsovia

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