Día 5: Despidiéndonos de la isla en Dalt Vila

¡Empezamos nuestro último día!

Pero parece que hayamos estado toda una vida aquí, de verdad, que lento pasa el tiempo en Ibiza si sabes saborear su brisa, su mar…

Así que nos levantamos, desayunamos tranquilamente y nos preparamos la maleta. Podíamos hacer el check-out a las 12, una buena hora, pero no nos daba tiempo a visitar Es Canar, la playa más cercana al hotel, así que nos dimos un chapuzón en la piscina del hotel y nos quedamos ya preparadas, como habíamos planeado, para ver Dalt Vila y no volver a casa llena de arena y salitre.

En 40 minutos (21 km) ya nos plantamos en la ciudad. Seguramente entrando por sus calles se podría aparcar, pero preferimos dejar el coche en el parking porque la zona azul suele fijar un máximo de horas y el precio al final varía poco, así que pagamos tranquilidad (al final estuvimos más de 5 horas y pagamos 12,95€).

Hay bastante que ver en este pueblecito: la casa de la Curia (XV) construida aprovechando las murallas, que la encontrarás en la misma plaza de la Catedral de Nuestra Señora de las Nieves (XIII) que se construyó sobre una mezquita.

El Parador Nacional tiene buenas vistas y no se puede visitar, pero es el Castillo de Dald de la Vila (XVI-XVIII). Entra a tomarte un café y aprovecha para conocer un poquito más que su exterior.

La muralla, que data del siglo XVI, tiene 1800 metros y se construyó bajo el reinado de Felipe II, siendo una de las mejores conservadas del Mediterráneo. Cerca está el baluarte de San Pedro y de San Jaume.

Otras visitas pueden ser la Necrópolis de Puig de Molins (VII a.C.) con más de 4.000 sepulturas púnicas (entrada 2,40€) y el Museo de Arte Contemporáneo (XVIII) con viviendas púnicas del siglo IV de a.C.

El Museo – Casa Bromer es gratis, y es una casa en el barrio marinero de Sa Penya, con obras del arquitecto (1960) y todo diseñado por él desde los muebles hasta las ventanas. El otro barrio marinero, pero más de bares, tiendas, etc. se llama La Marina.

Comimos en el Can Costa, un lugar con mucho sabor, el típico lugar de toda la vida, con mesas corridas que se comparten con el que llegue antes o después a comer y no ocupe todo el espacio, porque siempre está a tope de gente. Pagamos 51,80€ por pan con alioli, una ensalada, gazpacho, merluza, sepia acompañados de agua y cerveza. Y dos almendrados de postre. Platos sencillos, pero ricos y a buen precio.

Nos vamos a dar un paseo por el puerto y nos quedamos a tomar el café en una terracita mirando al mar. Ya contábamos con que la broma saldría cara, pero estábamos de despedida… así que pagamos 8€ y nos fuimos ya hacia el coche para ponernos ropa más de viaje y salir disparadas a dejar el coche de alquiler.

El coche lo dejamos muy rápido, sin problemas (no olvidéis hacer fotos en la entrega, por si acaso) y el transfer nos dejó en la terminal para facturar la maleta y pasar los controles. Todo rapidísimo, llegamos a buena hora, y nos cenamos una pizzas por 22,50€ y 6€ por unas bebidas, en el aeropuerto. La próxima vez llevaremos comida de fuera, más rica y más barata.

Ha sido una escapada perfecta: descanso, sol, mar, alegría, buena mesa… y pilas cargadas para volver a casa y seguir disfrutando aunque sea de un día a día más monótono.

¡Gracias por acompañarnos!

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