Somos dos en la carretera: Iñigo Madina y Eva Herraiz y nos encanta descubrir nuevos lugares, ¿nos acompañas?
Día 1: Llegada a Viena
En nuestro primer día llegamos tranquilamente a Bilbao para salir en el vuelo directo de las 9:45 horas, llegando a las 12:25.
Para llegar a nuestra pensión tenemos varias opciones de transporte público. Optamos por caminar unos minutejos para coger el CAT City Airport Train en Bahnhof Flughafen Wien y bajarnos en Landstraße (16 minutos sin parada). Luego caminamos 8 minutos y nos montamos en el tranvía 2 y tras unas cuantas paradas llegamos a nuestro destino, debiendo caminar unos minutos más. Tardamos algo más de 1 hora.
El tren nos costó 25€/persona ida y vuelta. Lástima que luego nos dimos vuelta que el tren de cercanías, el S7 hace el mismo recorrido en 10 minutos (en vez de 16) y por menos de la mitad de precio: 4,40€ por trayecto y persona.
Ese día no teníamos nada previsto para hacer, simplemente pensábamos en callejear y tener una visión general de la ciudad, y valorar si comprar el Vienna Pass, pero al final fue que no.
Teníamos tanto hambre que decidimos entrar en un McDonalds, porque además, creemos que es una buena forma de ver qué poder adquisitivo se presume de la población y qué gustos tienen, siempre escogiendo la hamburguesa más vendida del lugar. Los 2 menús suben 23,47€ y notamos que es más grande de lo normal y bastante picante.
Nos damos un paseo por el Ayuntamiento, que puede visitarse de forma gratuita, pero se debe coger hora por la mañana. Lo apuntamos para el día siguiente.
También vemos la Iglesia Votiukirache.
Luego vamos al Palacio de Hofburg, paseamos por los alrededores y entramos en el Museo del Papiro(5€/persona). Si no sois especialistas o estáis muy interesados en esto, no vale la pena… es muy pequeño y el lugar, que pensábamos que sería bonito, no tiene nada de especial.
Cerca del Museo de Sisí nos interceptan unos chicos que venden un espectáculo de música clásica con ópera y danza. Nos suena muy turístico y pasamos, pero lo que nos ofrecían por 65€/persona acaban por dejárnoslo a 55€ para los dos, y al final nos parece que puede tener su gracia ver algo de música en directo, porque la Ópera no ofrece espectáculos en agosto. Así que ya tenemos plan para el día siguiente a las 18:30 horas.
Paseamos por una calle llena de tiendas hasta la Catedral de San Esteban. Entramos sin molestar, porque estaban en misa, por lo que no cobraban entrada. Hay una verja que nos separa, pero permite ver bastante. La catedral es muy bonita. Volveremos. Frente a esta, una fachada preciosa con frescos pintados.
De ahí nos acercamos al reloj de Anker para ver por dónde está, sabiendo que tendremos que volver para ver el juego de los muñequitos, que a las 12 se mueven, dejándose ver todos.
Se va haciendo tarde y el hambre aprieta, así que cenamos sushi y noodles por 18€ en el Japanika. Riquísimos.
Lo que parecía que iba a ser un día relajado de toma de contacto con la ciudad, nos ha permitido conocer buena parte de lo planificado. 15.900 pasos y unos cuantos tranvías dan fe de ello. ¡Y mañana, más!