Polonia. Zakopane II y Lodz

Día 13. Zakopane y salida a ?ód?

El plan para ese día era ver Zakopane, comer y luego ir hacia Varsovia.

De Zakopane  a Varsovia hay 457 kilómetros. 6 horas y 50 minutos. Peaje de 4,72€.

Por no hacerlo del tirón, preferimos hacer noche antes y recortar una hora de tiempo, que se nota bastante en un día y sin embargo es poco para hacerlo al día siguiente. Además, el alojamiento también era un 50% más barato que en la capital. Nos quedamos en ?ód?, conduciendo 365 kilómetros. 5 horas y 40 minutos. Pagamos el peaje íntegro.

Lodz no tenía gran cosa que ver, pero de camino podíamos parar en Cz?stochowa, a 4 horas de Zakopane y una del destino. Por ello, tras recorrer la calle principal del pueblo, decidimos no demorarnos mucho más y salir de vuelta. Había la posibilidad de subir en un funicular a diferentes montes desde los que hacer excursiones a pie o ver vistas bonitas, pero entre que el día anterior ya habíamos tenido monte de sobra, el precio y que había que esperar demasiado, desistimos.

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Zakopane es una villa alpina situada a una altura de entre 750 y 1100 metros sobre el nivel del mar, la más alta de Polonia, y lugar de descanso en invierno, lugar donde se practican deportes de nieve, y de una especial sensibilidad a la preservación de su cultura y tradiciones, como la música folclórica típica.

Además de tiendas de ski, se puede pasear por la Úlica Krupowki, una calle peatonal llena de tiendas, restaurantes, galerías de arte y hoteles, hasta llegar al Targ Pod Gubalowka, un mercado tradicional, puedes comprar textil y artesanías. Nosotros compramos bryndza y oscypek, quesos ahumado o sin ahumar de oveja (un poco fuerte, no estamos acostumbrados a su sabor y eso que somos muy queseros) y unos calcetines de lana de recuerdo. También había kierpce de piel (mocasines tradicionales de las tierras altas), entre otros muchos artículos de piel (guantes, cazadoras…), ciupagi (bastones típicos de montaña con empuñadura un forma de hacha) y otras «pitxiaks».

Otros puntos de interés son la Iglesia Parroquial de la Sagrada Familia, templo neorrománico de finales del siglo XIX, ya que los fieles superaban la capacidad de la antigua iglesia de madera del 1851 (muy cerca). Junto a la pequeña iglesia se alza La Capilla de Piedra, construcción más antigua de Zakopane, de 1820, junto al antiguo cementerio, con impresionantes tumbas de madera. No entramos en el Museo de los Tatras y El museo del Parque Nacional de los Tatras que están por la zona, estaban cerrados, pero como no somos muy de museos, no nos importó mucho.

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Nos sentamos en una terracita a tomar un café y unos Kalacsoda, una especie de bizcocho cortado en espiral aderezado con coco, chocolate, nueces, avellanas… que estaba delicioso, y tras un corto paseo volvemos al coche camino a Cz?stochowa.

Tras cuatro horas conduciendo, llegamos a donde tantos peregrinos, casi 5 millones al año, van para ver a la Virgen Negra, el santuario de Jasna Góra. La suelen tapar a las 12 horas, así que hay que intentar llegar antes. Nosotros llegamos cerca de las cinco, así que no nos dimos prisa y comimos en un centro comercial cercano, en plan barato pero muy rico, y dejamos el coche aparcado allí para no pagar.

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Hay diferentes leyendas sobre la procedencia de la pintura. Una cuenta que San Lucas lo habría pintado sobre una madera de ciprés de la casa de la Sagrada Familia (se cree que en Bizancio en el siglo VI), otra se basa en uno de los documentos más antiguos de Jasna Góra, según la cual la pintura viajó desde Jerusalén, vía Constantinopla, hasta llegar finalmente a Cz?stochowa en agosto de 1382 (la Virgen Negra salvó al Monasterio de Jasna Góra de la invasión sueca del siglo XVII, por lo que el Rey de Polonia Juan II Casimiro la coronó como Reina y Protectora de Polonia en la Catedral de Lwów el 1 de abril de 1656). Otra apuesta porque la presencia de la sagrada pintura salvó a su templo de ser destruido por el fuego, y de ahí que los pigmentos sean oscuros. Otra leyenda se basa en los dos rasguños sobre la parte derecha del rostro de la Virgen Negra, y cuenta que un asaltante husita blandió su espada sobre la imagen y le infligió dos cortes profundos, y al intentar un tercero, cayó al suelo y empezó a temblar hasta que murió, quedando por siempre esos rasguños, que por más que se intentaban restaurar, siempre volvían a reaparecer. Una última, señala que como el asaltante cortó la pintura dos veces, el rostro de la Virgen María empezó a sangrar y los asustados husitas retrocedieron y dejaron la pintura. Sea cual sea la cierta, parece que en 1430 los husitas destrozaron la imagen.

A pesar de todo, pudimos verla. Llegamos al finalizar la misa de la tarde, y pudimos acercarnos hasta ella y fotografiarla.

De allí, seguimos ya camino hasta el hotel que, aunque un poco viejito, estaba muy bien, pero era un poco peculiar por las fotos de las personalidades que habían estado.

Día 14. Varsovia y vuelta a casa

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