Polonia. Zakopane I

Día 12. Salida a Zakopane

De Cracovia a Zakopane hay 106 kilómetros. 2 horas y 15 minutos. No hay peajes. En el trayecto ya se empieza ver el cambio del paisaje, mucho más montañoso. Entramos en la zona de Malopolska (pequeña Polonia), situada en la parte sur de la región de Podhale, y a los pies de los montes Tatras, que hacen frontera con Eslovaquia.

Actualización 2020:

Si tenéis tiempo, a 1 hora 15 minutos de Cracovia, podéis visitar el castillo de Ogrodzieniec famoso, entre otras cosas, por ser uno de los escenarios de rodaje de la famosa serie de Netflix The Witcher.

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Madrugamos con la intención de poder subir al Morskie Oko, «ojo del mar» (o en eslovaco Morské oko, o como le llaman los húngaros Halastó que quiere decir «lago de peces»). Es un lago de color verde esmeralda que se encuentra a 12 kilómetros de Zakopane, en el Valle Rybi Potok, la base de las Cumbres Mi?guszowiecki, y en dirección a Polana Palénica. Hay un gran parking donde dejar el coche. En la entrada se paga 50 PLN por persona. ¡No os olvidéis de llevar bocatas y bebida! Nosotros compramos los ingredientes en un pueblito de camino y los hicimos allí.

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Encontraréis coches de caballos que suben los primeros 7 kilómetros y los otros 2 se suben sí o sí andando. De todas formas, el lugar es accesible para todos. Hay un camino asfaltado por donde suben hasta carritos con bebés. Si queréis hacer más dura la subida, hay algún tramo en el que se bifurca hacia unas escaleras muy irregulares (mi novio me llevó corriendo, literalmente, así que cuidado al pisar) que atraviesan los caminos y riachuelos. Marcaba 2 horas y media de subida, pero nosotros lo hicimos en una entre acortar por allí y la velocidad. Al llegar, veréis el lago más extenso y el cuarto más profundo de los Tatras, elegido en el Wall Street Journal como el quinto lago más bonito del mundo.

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Desde 1954 es el Parque Nacional de los Tatras (parte de la Cordillera de los Cárpatos), tiene una superficie de 212 kilómetros cuadrados, 152 bosques y el resto praderas, gran parte de ellas protegidas. Es una cordillera de 850 metros de altura, al pie del conocido en Polonia como el «gigante dormido», el Monte Giewont, de 1894 metros.

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Es importante que el que suba vaya concienciado dónde va: la entrada es cara y la subida es tan fácil de subir que hay mucha gente. Nada de tener la idea de ir paseando solos entre bosques, en plan montañero, es muy turístico y familiar, pero eso no quiere decir que no se pueda disfrutar de las vistas y el lugar, o meterte caña acelerando… 🙂

Al final del camino se llega al lago. Hay una zona con bancos, al lado de un restaurante, y gente por cada recoveco donde se refrescan los pies.

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Se puede circunvalar todo el lago por unos caminos que están bastante bien, en algunos tramos incluso con unas barandillas de madera.

No os olvidéis la crema solar, porque el sol pica que es una maravilla.

Descansamos un poco y después de comer nos dedicamos a bordear todo el lago, hasta llegar justo a la mitad, quedando enfrente  la casita donde está el bar.

Allí se abre un camino que lleva a una cascada que nace de otro lago que hay más arriba. Es bastante empinado y con piedra suelta pero se sube bien. Hay menos gente  subiendo (aunque arriba nos encontramos hasta a unos novios haciéndose fotos de boda…), pero en cualquier caso, hay pequeños lugares más anchos donde descansar o adelantar.

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Se hacía tarde, así que, tras los más de 25 kilómetros recorridos nos decidimos a bajar al coche para evitar los típicos atascos a la salida de estos sitios y nos dirigimos al hotel.

¿Recordáis que el día 9 queríamos buscar Opola Podkarpacie para ver arquitectura sacra en iglesias de madera? No las encontramos, pero camino de Zakopane, pude quitarme la espinita cuando mi novio vió una al girar una curba.

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Preciosa, tanto en sí misma como por el entorno y su interior. Parece que suele estar cerrada pero un grupo había concertado cita y justo llegamos cuando ya se marchaban, así que pudimos entrar y todo.

Nuestro viaje tocaba a su fin y empezábamos ya a notar cierta tristeza… llegamos al hotel y descansamos y preparamos para la cena. Lo que hicimos fue pasear sin ver ni pararnos a hacer fotos, le dedicaríamos la mañana del día siguiente a verlo con calma, pues no parecía que fuese muy grande. La oferta aquí es sensacional, os costará decidiros. En muchos locales hay actuaciones y música en directo. Nosotros no creo que hiciéramos la mejor elección, pero queríamos evitar el ruido y nos metimos en uno de los pocos que no ofrecían espectáculo y que tenían parrilla. Cenamos un entrante y un plato de carne con guarnición muy bien cocinado por 83 PLN (todo era más caro, en general). Os recomendamos las exquisitas carrilleras, aunque no apuntamos cómo se decía en polaco, las pedimos por casualidad…

Por todas partes veréis casas preciosas de madera. Y lo son de verdad, de hecho, vimos cómo una se quemaba y los bomberos intentaban sofocar el fuego en una noche calurosa, sin lograr que quedara todo calcinado. Una verdadera pena.

Día 13. Zakopane y Lodz

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