Día 9. Colina Gellért y parque Városliger
Hoy vamos directos con las bicis hasta el otro lado del río, cruzando por el puente de la Libertad. Allí hay unas escaleras que llevan a la cueva donde se encuentra la Iglesia Rupestre de Budapest, inspirada en el Santuario de Lourdes. Se entra por 2 €/persona con derecho a audioguía. No es nada del otro mundo, pero es curiosa (tened en cuenta que las chicas deben ir con los hombros tapados, en caso contrario te prestan un pañuelo).
Seguimos subiendo unos 20 minutos a buen ritmo, hasta llegar a los dos símbolos de la ciudad: la estatua de la libertad y la ciudadela. Es una fortaleza en el colina Gellért, donde hay varios restaurantes, una exposición militar y poco más.
Bajamos por unas escaleras más al norte de donde iniciamos la subida, hasta llegar al puente Erzsébet. Allí nos vamos en dirección al río y cogemos de nuevo nuestras bicicletas (la parada está bajo el nudo de carreteras). Hacía un calor bastante insoportable, la verdad, se hizo duro llegar al centro, íbamos ya cansados y nos costó mucho sacar las bicis de la estación… parecía averiado el sistema. Así que buscamos un lugar donde tomar algo fresquito y descansar.
De nuevo en bici, vamos río abajo por el paseo, cruzando las vías del tranvía, para llegar a los 60 pares de calzado de la ribera del Danubio. Son de la época de 1940, hechos en hierro para conmemorar a las víctimas allí arrojadas por la Cruz Flechada, durante el holocausto.
Luego nos fuimos a casa con comida de un take-away asiático y descansamos porque teníamos prevista una excursión al parque Városliger, un poco alejado. Si no vais en bici, tendréis que ver qué otro transporte podéis utilizar, porque andando necesitaréis horas.
A mitad de camino paramos en la estación Budapest Keleti (este), llamada así por conectar con los Balcanes y Rumanía. En su día fue una de las más modernas, es muy bonita, pero a ciertas horas, como todas las estaciones internacionales, puede ser peligrosa.

¡El parque es chulísimo!
Está lleno de gente paseando, con perros, haciendo deporte, o echados en la hierba. También paseamos por el Castillo Vajdehuyed, y vimos la estatua del “Anónimo” (justo en la entrada del Museo).

Al última hora de la tarde había un conciertillo en el bar del parque, muy guay, varios restaurantes, barquitas por las que ir por el estanque, y el balneario más grande y famoso, el Széchenyi.
A un lado del parque, está la Plaza de los Héroes, espectacular, con el museo de Bellas Artes al fondo, la estatua del Arcángel… nos quedamos hasta la noche, con todo iluminado, precioso.

De vuelta, cambiamos el camino hacia el centro, por la zona de los palacios de alrededor, muchos de ellos embajadas de diferentes países. Llegamos justo a la estación Nyugati, del mismo arquitecto que torre Eiffel de París. Por dentro es una preciosidad, con ese aire decadente tan atrayente. Justo al lado, está el McDonalds más bonito que he visto, así que cenamos allí para poderlo admirar.
Damos una pequeña vuelta por el centro a pie, para ver el ambiente. Había mucha gente haciendo botellón por todas partes. Sólo nos quedaba ya un día entero, así que nos fuimos a casa a acabar de organizar.
Día 10. Barrio judío e Isla Margarita
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