Polonia. Gdansk

Día 5. Gdansk

Hoy por fin, nos vamos a quedar en la ciudad para conocerla a tope. Hay un montón de cosas que ver, así que tras un buen desayuno, y mapa en mano, salimos a recorrerla.

Gdansk (se pronuncia “Guedansk”) es el nombre alemán, pues en el siglo XVIII se llevó a cabo el reparto de Polonia, momento desde el que fue dominio de Prusia. Anteriormente fue la ciudad de Danzig, capital de los duques de Pomerania, y desde 1920, es una ciudad libre.

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La importancia de ésta, radica en que es la ciudad que da acceso al mar a Polonia, razón por la que la Hitler deseaba anexionársela y, ante la oposición de Polonia, un acorazado alemán bombardeó un fuerte polaco en las costas del mar Báltico, en la Península de Westerplatte, iniciándose así la II Guerra Mundial.

De estas calles, salió el primer presidente de Polonia elegido democráticamente por sufragio universal. Fue un electricista, Lech Walesa, quien dirigió las negociaciones del sindicato Solidaridad formado en 1980, tras las concentraciones obreras duramente reprimidas en 1970 (27 muertos), por el rechazo de los comunistas rusos que les gobernaban. Tras la huelga y una lista de 21 reivindicaciones negociadas con el gobierno, resultaron la excusa para ilegalizar al sindicato (1989) y encarcelar a sus dirigentes.

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Dejamos el coche aparcado fuera de la «entrada» a la ciudad, gratis, y entramos por las calles Dluga y Dlugi Tarkg, por la Vía Real que une la Puerta Alta con la Puerta Verde y es la calle principal de la ciudad, por donde los reyes hacían el desfile solemne en su visita anual a Gdansk. Allí tenéis mucho comercio enfocado al turista, restaurantes y una heladería donde nos tomamos un cucurucho baratísimo (no recuerdo cuánto exactamente).

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Se construyó en el siglo XVI como puesto avanzado de las fortificaciones medievales, modificada en 1586 por su estética, cubriéndola con bloques de arenisca y adornándolas con los escudos de armas actuales. A un lado de la calle unos frisos representan los escudos de la Prusia real (con dos unicornios), de Polonia y de Gdansk (dos leones). Al otro lado están los escudos de la familia imperial del Imperio Germánico, los Hohenzollern. Debajo se pueden leer tres frases en latín: “La Justicia y la Piedad son la base de todo reino”, “Los bienes más buscados por los ciudadanos son la paz, la libertad y la concordia” y “Todo lo que se hace por la comunidad es lo más sabio”.

Un descubrimiento casual: un museo donde se exponen de una forma muy… coloristas, cientos de campanas.

Detrás se alza la antepuerta gótica (llamada también Puerta delantera), una barbacana formada por la unión de la Torre de la Prisión (que funcionó hasta el siglo XIX) con la Casa de la Tortura. Actualmente alberga el Museo del ámbar, piedra preciosa proveniente de resina fosilizada muy abundante en Gdansk, como en todas las ciudades del Báltico, y que se dice que todavía puede encontrarse por las playas. En el patio vemos algunos grilletes, recuerdo del tiempo en que fue cárcel.

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La Puerta Dorada se construyó en el siglo XVII en estilo renacentista, y hace muchas décadas que perdió el color que le dio nombre. De tipo arco del triunfo, tiene ocho esculturas ornamentales que la coronan, representando alegorías de las virtudes ciudadanas (la concordia, la prudencia, la libertad, la paz, la justicia, la gloria,  la piedad y la unidad). La inscripción en latín se traduciría como “La concordia hace crecer a los pequeños estados mientras que la discordia hace desaparecer a los grandes”.

Anexa encontramos la Lonja de San Jorge, un edificio gótico de ladrillo coronado por una linterna del siglo XVI sobre la que se alza una copia de la estatua de san Jorge venciendo al dragón del siglo XVI cuyo original está en el Museo Nacional. Es la sede de la Asociación de arquitectos polacos. Y a unos metros encontramos el árbol del milenio, levantado en 1997 en hierro para conmemorar los mil años de la ciudad.

En la Calle Larga destacan las casas nobles de los siglos XV al XX, como la de los Uphagen, que enseña cómo era una casa noble de la época.

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El Ayuntamiento de la Ciudad Principal, del siglo XIV, está construido en estilo renacentista flamenco, sobre un edificio anterior de madera, desaparecido tras un incendio que tuvo lugar en el siglo XVI. Su torre mide 82 metros, la más alta de la ciudad, y la coronan una flecha y la estatua de Segismundo II Augusto, el rey que concedió los mismos derechos a los católicos que a los protestantes.  Alberga el Museo Histórico. Destacaría la escalera de entrada de baldosas de Delft (típicas holandesas con motivos paisajísticos), el fresco gótico del vestíbulo Grande, la puerta de madera tallada, las punturas del techo de sus salas, y la escalera de caracol con preciosas tallas de madera.

Vale la pena entrar, y por supuesto subir al campanario para ver las vistas de la ciudad.

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La Plaza del Mercado Largo está rodeada de casas restauradas, y en una de las esquinas encontramos la Fuente de Neptuno, del siglo XVII, que simboliza la unión entre la ciudad y el mar. Es el punto de encuentro de los habitantes de la ciudad, pero la plaza en general está llena de gente. La fuente es el monumento civil más antiguo de toda Polonia. Cuenta la leyenda que por el tridente que lleva en las manos llegó a manar el licor típico de Gdansk (el Goldwasser, un aguardiente que lleva láminas de oro dentro) y que por ese motivo en 1634 tuvo que rodearse de una verja (para que los borrachos no se acercaran.

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Detrás encontramos una mansión gótica del siglo XV con soportales que sirvieron de lugar de reunión de las corporaciones burguesas de la ciudad  llamada Casa de Artús, pues las llevaban a cabo de forma democrática, a lo «la mesa redonda del rey Arturo». Actualmente conecta con la Vieja Casa del Jurado y la Nueva Casa del Jurado también llamada Casa de los Regidores o Vestíbulo de Gdansk. Ésta última, gótica con hermoso pórtico renacentista, se ha convertido en una de las atracciones, basada en el libro “Muchacha en la ventana”, que habla de una joven encerrada por su tío que observa el mundo por un tragaluz, y que todas las tardes se asoma unos segundos…

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Cerca también encontramos la Casa Dorada, edificio de principios del siglo XVII donde vivía el alcalde, con 12 frisos separados por cuatro bustos cada uno, entre los que destacan los de los reyes Ladislao Jagellón y Segismundo III Vasa. La balaustrada superior está decorada con estatuas que representan a Cleopatra, Edipo, Aquiles y Antígona. La leyenda cuenta que el fantasma de una de sus propietarias recorre la casa diciendo “Obra con justicia, no temas a nadie”.

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La Puerta Verde cierra el Mercado Largo y tiene 4 arcos. Se construyó en el siglo XVI como residencia real, aunque solo ha servido de oficina, actualmente, la de Lech Walesa.

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Aquí es donde comimos (y cenamos) nosotros. Había un pequeño restaurante de comida rápida en la calle de detrás donde daban una pasta estupenda súper barata. Al rededor del mercado tenéis también puestos de kebab y otras opciones rápidas por poco dinero.

Yendo hacia la ciudad vieja tenemos que pasar junto al Muelle Largo. Hasta la segunda mitad del siglo XIX el puerto de Gdansk se encontraba aquí. Todas las calles perpendiculares que llevaban al puerto se abrían al río Motlawa mediante puertas fluviales fortificadas que atravesaban el recinto medieval y los muelles de carga permitían atracar a los barcos.

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En el siglo XVII se creó un largo muelle de madera para el transbordo de mercancías que hoy permanece sólo como paseo, bordeado de bonitas casas y por las puertas que dan a las calles perpendiculares (la primera es la Puerta Verde, la más antigua).

También en el muelle, está la vieja grúa medieval de madera, que se ha convertido en el emblema de la ciudad, y que servía para la carga y descarga de mercancías. Es la mayor máquina elevadora portuaria de la Europa medieval. Se inauguró en el siglo XIV y se reconstruyó en el siglo XV después de haber quedado destrozada por un incendio.

El barco mercante MS Soldek, el primer barco construido en los astilleros de Gdansk después de la II Guerra Mundial, está permanentemente atracado en el puerto y puede visitarse.

La calle Mariacka (de Nuestra Señora), fue arrasada en la guerra y se reconstruyó en los años sesenta, reproduciendo al detalle sus fachadas y sus verjas, con las casas con pequeños patios delante. Aquí se concentran la mayoría de las tiendas de recuerdos y de joyería de ámbar. Que no os hagan olvidar las puertas decoradas, y a algunas tuberías con detalles alucinantes que encontraréis por el camino.

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Más allá se alza la impresionante Basílica de Nuestra Señora, la mayor iglesia de Europa construida en ladrillo, la iglesia gótica de Santa María, que puede llegar a albergar a 20.000 personas (la población de la ciudad en 1450). Durante el período de la ley marcial mucha gente se encerró aquí para apoyar a los sindicalistas de Solidaridad, que estaban aquí refugiados. En las cercanías interesante la Capilla Real, el Gran arsenal, y casas preciosas como la que vio nacer a Fahrenheit.

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La Ciudad vieja, en realidad no lo es, casi todos los edificios son modernos. El Ayuntamiento, de estilo flamenco, coronado con una torrecilla, fue cuartel general de las tropas soviéticas en 1945 y hoy alberga una sala de exposiciones y una librería que conforman el Centro cultural de Gdansk.

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Al lado está el Gran Molino, sobre el canal Radunia, con un enorme tejado de dos aguas y ventanas abuhardilladas pero sin mecanismo interno. También destacan las iglesias de Santa Catalina, una de las más antiguas de la ciudad, o la de Santa Brígida, y la estación de trenes. Y si entráis en la Catedral de Santa Oliva, podéis ver su famoso órgano del S.XVIII.

La zona de los astilleros: el punto principal es la Plaza Solidaridad, presidida por el Monumento a los obreros muertos del Astillero (1980), tres torres de acero inoxidable de 133 toneladas que en su parte superior soportan unas anclas marinas crucificadas, símbolo de la esperanza, y 12 escenas de la vida obrera con inscripciones en la base.

A pesar de la gran cantidad de turistas que había por la ciudad, a nosotros nos encantó callejear por allí sin prisas, tomar un helado, parar a mirar cuadros de artistas locales y buscar pequeñas placitas escondidas por sus calles.

De hecho, «hicimos tiempo» yendo a visitar Westerplatte, donde la famosa batalla, una fortificación militar que se convirtió en emblema de la resistencia durante la segunda Guerra Mundial, puerta de entrada para los nazis, y que hoy es muy visitada por polacos.

Hay unas vistas espectaculares (cuidado con los mosquitos), y a esas horas el acceso era libre y el aparcamiento casi desierto.

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Volvimos cuando ya anocheció para poder ver la ciudad de noche, toda iluminada, y no nos defraudó, además de hacer una temperatura estupenda y seguir tan animada como durante todo el día.

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En el muelle podéis sentaros a cenar o a tomar una cervecita. Al otro lado, donde la noria, también podéis pasear.

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No nos quedó nada pendiente en Gdansk, así que nos volvimos al hotel para al día siguiente salir directamente a Turun y tener más tiempo para estar allí.

Día 6. Torún

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