Día 6. Salida a Toru?
De Gdansk a Toru? hay 1 hora y 50 minutos (169 kilómetros) por la A1 o 30 minutos más saliendo por la DK80 para no pagar el peaje de 27 PLN (6,50 euros).

Toru? es una ciudad asentada a ambas orillas del río Vístula, la perla de la arquitectura gótica de Polonia, con más de 200.000 habitantes en la actualidad, famosa por haber visto nacer al astrónomo Nicolás Copérnico (el primero en demostrar que la Tierra gira alrededor del Sol y no al revés).
Toru? también es conocida por sus típicas galletas de jengibre (“piernik”). Las hay de diferentes tipos pero las más tradicionales son las de masa aromática recubierta de chocolate.
Su centro histórico no sufrió daños en la II Guerra Mundial, y tiene una original distribución de estructura medieval, por la que es Patrimonio de la Humanidad.
Nuestra visita tenía el objetivo de centrarse en estos tres aspectos, y para ello, queríamos visitar el planetario, recorrer sus calles, y apuntarnos a un taller de hacer galletas. 🙂
Nuestro hotel estaba justo en la carretera principal, así que aparcamos en ella, pagando zona azul (y pese a ello siendo multados, pues no se puede poner tantas horas como quieras, y no llegamos a tiempo. Afortunadamente, se puede anular pagando unos eslotis.

Entramos por la zona de las murallas y los restos del antiguo castillo de los caballeros teutónicos, construido en 1255 en ladrillo y destruido por la población en 1454 para acabar con el dominio de los teutones. Se puede ver la puerta de acceso, los cimientos de la torre del homenaje, de planta octogonal, y parte del convento con su capilla. Es una zona con mucha animación, siempre hay gente descansando, o disfrutando de las vistas de la ciudad, impresionantes.
La Puerta del Puente, está almenada y se utilizada para marcar el nivel de agua río, pues está a la orilla del Vístula, como la Puerta de los Marineros, del siglo XIV. Siguiendo las murallas podemos ver una Torre inclinada, de 15 metros de altura, que fue construida en el siglo XIV. Una galería conectaba las murallas con la torre para el intercambio de los guardias y está desplazada 1,5 metros.
Primero nos acercamos a ver los horarios del planetario, pero descartamos su visita. Además de tener que esperar bastante, las proyecciones eran en polaco, había tres atracciones, pero nos pareció muy para niños, y el precio para cada sala por separado era de 10, 9 y 9 Zl. Mejor miradlo antes y así os podéis organizar mejor la visita. Al lado tenéis la supuesta casa natal de Copérnico es un edificio alto, majestuoso, muy bonito la verdad, gótico y hecho en ladrillo.
Estuvimos callejeando por la Plaza Mayor y sus calles con casas de ladrillo rojo, también hay que buscar la Plaza del Ayuntamiento, del siglo XIV y estructura gótica, uno de los edificios más emblemáticos y bonitos de la ciudad, con su torre de 40 metros que puede verse desde cualquier punto, las cuatro pequeñas torres flanqueando las esquinas del edificio y su interior, y patio ajardinado. Frente al Ayuntamiento está la estatua de Nicolás Copérnico, de 1853, de 2 metros y medio de altura.

Y buscar los edificios que en su tiempo fueron graneros, la Fuente del Violinista (al otro lado de la plaza), del que cuenta la leyenda que, a lo flautista de Hamelín, tras una plaga de ranas en la ciudad, tocó su violín para llevarlas fuera de las murallas.
A su lado está la Iglesia del Espíritu Santo del siglo XVIII (de color crema y con una torre rematada por un tejado puntiagudo verde). Cerca está también la estatua de un burrito, muy mono visto así pero no tanto si sabemos que el llamado burro español era una tortura para ciertos maleantes, que tenían que sentarse sobre él (y sobre una parte cortante que tiene sobre el lomo).

En cuanto al resto de las variasiglesias que hay por todo el centro histórico,encontraréis la Iglesia de Santiago, de 1309 – 1424, de planta basilical y un campanario con doble tejado; la Catedral de San Juan del siglo XIII- XVI, con una torre de 52 metros que alberga una campana de 7 toneladas, que es conocida como “la Trompeta de Dios”. En el interior de la iglesia se conservan frescos muy interesantes, que se mezclan con las imágenes de Juan Pablo, el primer papa polaco, y la pila en la que fue bautizado Copérnico, lo indican con su retrato.
Cerca del ayuntamiento podéis buscar también la Casa de Artús, un mansión de finales del siglo XIX en estilo neorrenacentista que ocupa el lugar donde se ubicaba el edificio destruido a principios del siglo XIX en el que se firmó el Tratado de Torun en 1466, que puso fin a la guerra con los caballeros teutónicos, hoy centro cultural, y casi en frente, de color crema, es la Casa bajo la estrella, elegante mansión del siglo XV que fue residencia del preceptor de los hijos del rey Casimiro Jagellón, remodelada en el siglo XVIII pasando a ser puramente barroca y que alberga un museo de arte oriental.

Comimos en una plaza que se abría entre calles, en un burguer que además de barato daba unas raciones alucinantes. Al lado había bastante oferta, pero como teníamos prisa por no llegar tarde a nuestra siguiente cita, nos decidimos pronto.

Como os contaba, seguidamente nos dirigimos a un Museo de «pierniki» o «Zywe Muzeum Piernika» (en Rabianska, 9), la galleta de jengibre que queríamos probar y aprender a cocinar. La taquilla la abren 15 minutos antes de cada sesión y cuesta 14 PLN (si eres estudiante 10) y los menores de 3 años no pagan. Desde luego, si vais con niños lo pasarán muy bien, pero para nosotros también fue divertido.
El taller se hace en grupos reducidos (unos 20 o así), y está muy cuidado, el sitio es precioso, como una antigua casa polaca, y los chicos van vestidos tradicionalmente. Básicamente hacen un teatrillo en el que explican la historia de la galleta, cómo se elabora de forma artesanal, hablan de los ingredientes con humor, y haciendo participar a la gente, y luego haces tu galleta, que te la puedes llevar a casa. Luego, mientras se cuecen las galletas, una chica enseña cómo decorarla y finalmente te dejan comprar en su tienda de recuerdos y galletas.
Cuando salimos de aquí, seguimos a la muchedumbre venidas de todas partes, porque se dirigían al mirador del río a ver las acrobacias y fuegos artificiales de los aviones. Yo, que no había visto nunca, las disfruté mucho, pero había tantísima gente que ya desistimos de hacer más visitas «turísticas». Contábamos con ello, habíamos leído que durante la última semana de agosto se celebra cada año el Bella Skyway Festival, un festival de luz que usa los edificios históricos de la ciudad como lienzos, así que nos quedamos sin ver por dentro el castillo y alguna iglesia, pero a cambio pudimos ver juegos de luces e imágenes, y nos lo pasamos pipa hasta que ya era muy tarde y los ojos se nos cerraban…
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