Polonia. Varsovia III

Día 3. Varsovia

Amanece un día espectacular de sol y colorcito, así que nos ponemos en marcha a una hora bastante maja para aprovechar bien el día.

En primer lugar, nos dirigimos al Parque Lazienki, el más grande de la ciudad, le dedicamos dos horas largas, y eso que no visitamos por dentro el Palacio del Belvedere (Belweder) porque estaba con labores de manutención.

En cualquier caso, merece la pena. Es un entorno muy bonito y que invita a relajarse y pasear.

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Está bastante lejos del centro, en la avenida Ujazdów sobre una colina en el extremo occidental del parque. Fue reconstruido por Jan Kubicki en estilo clásico en 1767. Utilizado previamente como una fábrica de porcelana, entre 1817 y 1830 sirvió como residencia del gran duque Constantino, hermano del zar Alejandro I de Rusia. En el periodo de entre guerras y décadas más tarde, entre 1989 y 1994, sirvió como residencia oficial de los presidentes de Polonia. El último que la ocupó fue el presidente Lech Walesa entre 1990 y 1995. Actualmente se utiliza para celebrar actos oficiales del gobierno polaco y cuenta con un museo dedicado al mariscal Józef Pi?sudski. Este palacio ha sido modelo para muchos otros palacetes de la aristocracia polaca. Frente a él vemos la estatua al mariscal Pilsudski, jefe del Estado desde 1918 a 1922, responsable de la independencia de Polonia en 1918.

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Está muy frecuentado por los locales (había pocos turistas) y se pueden encontrar chiringuitos con helados y refrescos. Fue construido entre 1774 y 1784 por el rey Estanislao Augusto Poniatowski, el último y más culto de los reyes polacos. El Palacio de la Isla, de estilo neoclásico, era una antigua casa de baños, hasta que la convirtió en su residencia de verano y expositora de su colección de pintura. Su nombre viene de que se encuentra en una isla artificial en medio del lago del parque y se une a tierra firme por dos puentes.

Posteriormente se construyeron el Pabellón Blanco (1774), el Pabellón Myslewicki (1774) y la Orangerie (1788), invernadero que también es teatro.

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En el parque hay diferentes esculturas, pero el Monumento a Chopin, de estilo romántico y modernista, esculpida por Wac?aw Szymanowski de 1908 – 1926, es la más famosa.

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A su hay una especie de auditorio, donde se celebra cada año el Festival de Chopin, con conciertos gratuitos dos veces los domingos de junio a agosto (nosotros no tuvimos suerte), y el Orangerie, ubicado en un amplio jardín del siglo XVIII, que se ve desde la avenida Ujazdów. Como en otros lugares de la ciudad, un banco cercano reproduce una composición de Chopin. Y muy cerca también podemos ver el busto del célebre compositor húngaro, Franz Liszt y otra del famoso escritor Henrik Sienkewicz, autor de “Quo vadis?”.

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Tampoco os perdáis la Orangerie, la Casa Blanca de Merlini construida entre 1774 y 1776 como residencia de verano (más tarde casa de la amante del rey Estanislao II, Elzbieta Grabowska). Se encuentra en el extremo oeste del Paseo Real (Promenada Królewska), cuyo otro extremo termina en el Palacio en la Isla. El rey Luis XVIII, vivió entre 1801-1805 ahí durante su exilio a causa de la Revolución francesa. Enfrente, junto a un estanque, está la estatua del rey que lo encargó, Estanislao Augusto Poniatowski, el último rey polaco.
Recientemente también se han colocado unos pabellones japoneses (o chinos) muy del entorno.

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Después de esta bonita mañana, teníamos diferentes opciones donde parar de camino a Gdansk.

Una era la casa de Chopín, que descartamos, y otra era el castillo de Malbork, al que nos dirigimos. Pensábamos parar a comer en Rybnoun pequeño pueblo con un laguito, pero no lo vimos al pasar, así que no perdimos tiempo en buscarlo, que el camino era largo.

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341 km., 3 horas 48 minutos (sin peajes) –  DK92, A2, Dk91, S7.

Llegamos bastante tarde, pero con dos horas para ver el castillo, así que suficiente,  y aunque ya no había visitas guiadas, te daban audioguía gratis.  Además, aunque el precio de la entrada (en verano) es de 39,5 Zl/adulto al llegar más tarde (de 17:15 a 18:15 horas), te hacen precio de reducida 29,5 Zl (si de verdad podéis sacar reducida, 19 Zl). Ver sólo el exterior son 7 Zl, pero os recomendamos entrar dentro.

Leímos que había que pagar 25 Zl. por el aparcamiento, pero como alrededor no había que pagar a esas horas, lo dejamos justo al lado y nos acercamos andando 50 metros.

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El castillo es la fortaleza gótica más grande de Europa y se construyo en el siglo XIV como sede de la Orden Teutónica. El terreno llano y estar junto al río Nogat le dotaban de diferentes formas de acceder, por medio de barcas y buques de carga, y favoreció a que durante el gobierno de Prusia (antiguo reino  alemán del Báltico) siguieron la costumbre de otros castillos vecinos del río, de cobrar peajes a los barcos que pasaban, monopolizando el comercio del ámbar. Cuando la ciudad entró a formar parte de la Liga Hanseática, muchas de las reuniones de la Liga se celebraron en el castillo.

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El castillo fue asediado pero no tomado en 1410, después de la Batalla de Grünwald, y en la guerra de los Trece Años (1454-1466), cuando el castillo resistió hasta que, finalmente, en 1466, pasó a dominio polaco y residencia de los Reyes de Polonia. Como parte de Prusia, pasó a tener un uso militar. El castillo estaba en proceso de restauración cuando estalló la II Guerra Mundial, tras la que quedó casi destruido. Posteriormente, se restauró, se convirtió en museo y en 1997 fue declarado Patrimonio de la Humanidad.

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Para no extenderme, solo apuntaré que Malbork está formado por tres sectores diferentes: el castillo alto, medio y bajo, separados por fosos y torres,  llegó a tener 3.000 soldados, que no es de extrañar, pues las murallas exteriores del castillo rodean una superficie de 210.000 m², tienen una altura de 5 metros y un grosor de 3 a 3 metros y medio.  El color rojizo se debe a su ladrillo y cerámica, que se elaboraban con arcilla y los portales se hacían de granito para resistir los ataques.

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Es uno de los lugares que más nos gustó por su originalidad, cómo estaba cuidado y sus dimensiones y color.

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En los terrenos que hay tras el muro defensivo, veréis un montón de tienditas de regalos y artesanías y una zona de restaurantes bien puestos y decorados. Aunque parece la turistada de turno, y pese a ser algo pronto para la cena, nos moríamos de hambre y decidimos sentarnos, cosa que fue un acierto. La comida estaba muy rica y el ambiente era festivo (música, cánticos…) lo pasamos muy bien y nos venía perfecto para poder seguir directos al hotel, pues nos restaba algo más de una hora hasta Gdansk. En caso de hacer noche por las cercanías, podéis quedaros a un espectáculo de luces y sonido nocturno.

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