Día 8. Mont Saint Michel
Como en teoría este día estaba reservado para ver Rennes y teníamos que sacricar parte para visitar el monte, y fruto de nuestra investigación anterior, decidimos darnos el madrugón padre, que fue más porque justo hacían el cambio de hora. Nuestra intención era llegar cuanto antes para evitar a la gente, y ver amanecer desde allí. La verdad es que nos salió redondo. Nadie hubiera apostado a que iba a salir un día radiante con la noche de lluvia que habíamos pasado.
El funcionamiento es el siguiente: para acceder hay un aparcamiento de pago que hay situado 2,5 km. y desde ahí hay buses-lanzaderas gratuitos que pasan cada 10 minutos (en temporada baja, a esas horas cada 20 minutos), de 08:00 a 01:00 horas, hasta el Mont Saint Michel. Otra opción es seguir a pie (30 minutos o algo menos) por una nueva pasarela que han construido recientemente.
Antes había otro aparcamiento mucho más cerca, pero ahora ya no está permitido. En la zona comercial de «La Caserne» hay hoteles, restaurantes y tiendas, pero la entrada a vehículos está restringida. Se necesita haber hecho una reserva previa en alguno de sus establecimientos y se requiere código de acceso en la barrera.
El aparcamiento está abierto todo el año las 24 horas del día y el precio hasta 24 horas es de 11,70€, si se está menos de 2 horas 6,30 € y menos de media hora es gratis. Perder el tique cuesta 23,40€ (la tarifa de dos días).
Los horarios de la Abadía son diferentes: Cerrado: 1 enero, 1 mayo y 25 diciembre. Abierto: del 2 mayo al 31 de agosto (9:00h a 19:00h). Del 1 de septiembre al 30 de abril (09:30h a 18:00h). Últimas admisiones 1 hora antes del cierre. Mayores de 25: 9€, gratis para parados.
Mareas previstas: Súper importante consultar las mareas ya que de eso depende verlo en su máximo esplendor o no… En la página sugieren ir 2 horas antes para ver cómo se retira la marea, pero es muy poco, si podéis ir con 4 horas, mucho mejor. Podéis consultarlo aquí, teniendo en cuenta que si un día no aparece en el calendario significa que la marea alta es inapreciable (no llega al monte).
Breve historia del Mont Saint Michel y su abadía: Lo que hoy conocemos como Mont Saint Michel se llamó en tiempos de los celtas Mont Tombe y se cree que ya por entonces fue usado como lugar de culto. Según el mito, el Arcángel San Gabriel se apareció en el año 708 a Aubert, obispo de Avranches, y le encargó la construcción de un santuario en lo que a partir de ese momento sería el Mont Saint Michel. La leyenda dice también que aquel monte había estado rodeado por el bosque de Scissy hasta marzo del 709, año en que un tsunami lo habría destrozado todo a su paso y habría convertido el Mont Saint Michel en una isla. Lo que sí se sabe con certeza es que corría el s.X cuando los monjes benedictinos se instalaron en el monte, consolidado ya como importante lugar de peregrinaje. A mediados del s.XI se finalizó una primera fase de la abadía sobre las rocas y ya tomaba forma una pequeña aldea a sus pies.
Con los siglos llegaría su fortificación y se convertiría en un símbolo de la resistencia francesa, pues fue asediada en vano por los ingleses durante la Guerra de los Cien Años. Sin embargo, con la Reforma Protestante, la abadía perdió relevancia y en 1791, en el contexto de la Revolución Francesa, terminó por convertirse en prisión. Así permanecería hasta 1863, año en que fue clausurada. Poco después (1874), la abadía del Mont Saint Michel fue declarada Monumento Histórico y sometida a un largo proceso de restauración. A principios del s.XX algunos monjes volvieron a instalarse en la abadía y en nuestros días aún hay unos pocos viviendo de forma permanente. Desde 1979 el Mont Saint Michel y su bahía forman parte del Patrimonio de la Humanidad.
Visita al Mont Saint Michel: El Mont Saint Michel es un monte, montículo o peñasco rocoso, rodeado de agua del mar por un lado y tierra por otro, aunque ocasionalmente queda recubierto por la marea completamente y se transforma en una isla. Las tierras de la bahía que rodean el monte son completamente llanas y no hay edificaciones ni accidentes geográficos notables alrededor, por lo que el Mont Saint Michel destaca desde muy lejos en el horizonte.
El monte está coronado por la Abadía del Mont-Saint-Michel y a los pies de ésta se erige un pequeño poblado con una calle principal y unas pocas callejuelas. En el pueblo hay hoteles, bares y restaurantes, tiendas de souvenirs o artesanías y algún pequeño museo. Todo el conjunto está rodeado por unas enormes murallas que se pueden recorrer sin coste. En total, poco más de 40 personas viven allí de forma permanente, siendo una cuarta parte de ellos monjes o monjas. Paradójicamente, en un día de temporada alta hasta 20.000 turistas pueden haber pisado el Mont Saint Michel. Para hacer una visita básica al Mont Saint Michel nos bastó con algo más de media hora, pero el ascenso, paseo, etcétera nos llevo más de 2.
Tuvimos la gran suerte de estar tan solos que parecía un pueblo fantasma, ¡daba hasta miedo! Perdimos la primera lanzadera, así que decidimos dar un paseo mientras amanecía… una delicia, no se me borrará nunca esa imagen, de la mano de mi pareja, con el sol calentando y el olor a mar envolviéndonos.
Después de la visita -o antes- hay que ver cómo llega la marea alta al Mont Saint Michel y lo rodea. Nosotros pudimos verlo pero no en su plenitud porque el agua ya había avanzado un poco a esa temprana hora, y además la temporada de mareas vivas no había llegado aun, y no subió mucho… una pena, aunque me contenté con ver cómo sube la marea hasta llegar a sus muros.
La hora, desde luego, fue un acierto porque nada más poner un pie en la lanzadera de regreso, empezó a llover con ganas… ¡pero ya había salvado el día!
Paramos a degustar unas galletas a pie de carretera. Aunque parezcan turísticos, no están mal de precio y son exquisitos. Puedes degustarlos antes de comprar y el parking es gratuito.
Beauvoir – Rennes: 68 km. 1 hora y 20 minutos (sin peajes) – D175.
Rennes, es la capital de la Bretaña francesa, y es muy interesante porque es la ciudad con el mayor número de construcciones con entramado de madera en su barrio medieval. Si vais en sábado, no dejéis de ir al colorido mercado de Lices, donde se reúnen a la mañana, más de 300 productores locales y regionales (nosotros llegamos en domingo…).
La oficina de turismo nos había mandado un plano de la ciudad que marcaba dos itinerarios para visitarla. Uno rosa muy completo, y una extensión amarilla que todavía lo era más… como marcaba dos horas para visitarlo todo, no nos lo pensamos, porque teníamos toda la tarde entera para verlo, y como no esperábamos descubrir palacios mejores que los vistos en el Loira, era pasear sin necesidad de invertir más tiempo en ver interiores.
Entre el enlace y la información de la oficina de turismo, no creo que necesitéis más, pero por destacar, os recomiendo no perderos el Palacio del Parlamento de Bretaña (diseñado conforme al proyecto de Salomon de Brosse en el siglo XVII, que fue sede del Tribunal de Justicia), la plaza rodeada de casas de entramado de madera Place Champ Jacquet, construidas en el siglo XVII tras el incendio de 1720. ¡Fijaos en la inclinación de las fachadas! Más animada la Place Sainte – Anne, y preciosa la Iglesia de Saint Aubien, aunque no comparable a la Catedral de Saint- Pierre.
Además de los restos de muralla y las curiosas esculturas en las fachadas de las casas de los antiguos oficios de los gremios de la ciudad, el Ayuntamiento y la Ópera en la Place de la Mairie, diferentes palacios, la Piscina Municipal (de 1925 obra de Emmanuel Le Ray, arquitecto de la ciudad que estaba cerrada por restauración) y finalmente el Parque Thabor (antiguos jardines de los monjes de Saint Melaine durante el siglo XVII) donde nos dimos un buen paseo y vimos algún animalejo.
La ciudad es de un tamaño manejable, nos gustó mucho recorrer tantos lugares bonitos y que mezclan lo lujoso de una época y austero de lo medieval.
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