Francia oeste: día 2

Día 2. Poitiers y Tours

Emprendimos camino a Tours, con posibilidad de parar en Potiers y en el Castillo de Chinon (lo descartamos finalmente para dedicarnos a ver la ciudad y dejar los siguientes días para los castillos…, además la salida estaba cortada).

Poitiers

106 km., 1 hora 20 minutos (sin peajes) –  N10.

En su día leímos que esta ciudad está muy concurrida por peregrinos del Camino de Santiago, pero no nos topamos con ninguno. Aun así, parece que está a punto de ser declarada Patrimonio de la Humanidad, tras la gran inversión que finalizó en 2012 con la restauración de todos sus monumentos, integración de obras de arte en espacios públicos, y creación de espacios verdes y sectores peatonales.

De nuevo, y la verdad es que sin mucha meticulosidad, nos dedicamos a callejear. Los puntos más interesantes saltan a la vista: el Baptisterio de San Juan del siglo VII (entrada 2 euros), al lado el Museo de la Santa Cruz (lunes cerrado), al lado la iglesia de Santa Radegunda, que se remonta al siglo VI, aunque fue reconstruida en el XIII y la fachada es del XV. P1020584_IJFREs preciosa, con su cementerio, sus capiteles, sus frescos y la cripta con la tumba de la santa, que data del siglo X y la de Santa Disciole, que fue sobrina del obispo de Albi, San Salvio. Murió joven, siendo monja en la contigua abadía de la Santa Cruz, la Iglesia de Notre-Dame la Grande (iluminada durante las noches de verano debe ser espectacular, con su magnífica fachada cubierta en su totalidad de esculturas, obra maestra del Románico francés del S.XII, hay pasajes desde la de Adan y Eva, a la de los Profetas, pasando por Nabucodonosor, pasajes de la vida de Jesús y de San Hilario, San Martín o San Pedro), la Catedral y el Palacio de Aquitania y Enrique II de Inglaterra (el Tribunal fue la sala donde fue examinada Juana de Arco), y dos curiosidades (la primera muy cerca del palacio): las ruinas de una iglesia gótica, construida por la Orden de los Cordeliers, en pleno centro del casco antiguo donde se ubica un gran Zara, y la iglesia de los Jesuitas, del siglo XVII reconvertida en una sala de exposiciones y en el Mercure Poitiers Centre, un hotel situado en las antiguas bóvedas de crucería del coro y las del altar mayor. Cerca está el TAP, un teatro diseñado por el portugués Joao Luis Carrilho de Graça que de forma parecida al Kursaal de Donostia, cambia de color según los festivales o época del año. La que sí es ya Patrimonio de la Unesco (y no lo parece) es la Iglesia de San Hilario (en la Rue St. Hilaire, girando por la Rue Víctor Hugo).

Por la rue de la Chaine (de la cadena) encontramos la plaza de La Liberté donde hay una réplica de la estatua de Bartholdi, la plaza de St. Germain, el nuevo Auditorio y Iglesia de Saint-Jean-de-Montierneuf, el Hotel Fumé en el nº 8 de la rue Descartes que es parte de la Universidad, tiene una hermosa fachada del S.XVI.

Tours

Tours nos parecía una ciudad de tamaño justo, manejable, tipo donde vivimos, y de hecho en la entrada no encontramos ningún tipo de aglomeración aunque sí algunos tramos en obras que nos hicieron dar vueltas por no poder salir en otras direcciones y tener que desistir de otras excursiones e ir directamente a la ciudad.

Hay que tener en cuenta que su población asciende a 282.000 habitantes y es la principal del Valle del Loira (seguida de Orleáns y Angers), por lo que a horas puntas el tráfico se intensifica y más para salir de la ciudad, como nos ocurrió a nosotros, que tardamos bastante en llegar a la A10. Para aparcar, hay zona azul por todo el centro, a precios razonables.

P1020609La ciudad está llena de arte e historia; vio nacer a uno de los personajes de la literatura francesa, Balzac, y sus calles son la muestra del art de vivre, moderna y llena de color.

Podéis localizar el gran boulevar buscando las indicaciones del Centro de Congresos Vinci, y ya a pie, ir admirando a derecha e izquierda palacios, hoteles antiguos, jardines, plazas, callejas repletas de librerías, anticuarios, cafés, tiendas de oficios artesanos… la gran catedral de Saint-Gatien (San Gaciano), y buscar encima de la tapia del Museo de Bellas Artes un cedro del Líbano de más de 200 años de edad (que por cierto yo no encontré). La basílica de San Martín está cerca de la plaza de Plumereau, por donde callejeando se pueden ver casas de paredes de entramado de madera preciosas, con tejados inclinados y detalles esculpidos en sus fachadas.

No visitamos el Musée du Gemmail; está dedicado a una técnica utilizada para trabajar las vidrieras sin soldaduras de plomo, desarrolladas en el siglo XX y que parece que le encantaban a Picasso.

P1020623A orillas del Loira hay restaurantes y bares de todo tipo donde comer. En esta zona recomiendan probar: el turrón, los rilletes, andouilletes, foie gras, y rillon.

A nosotros nos gustó mucho y lo recomendamos para pasear un par de horas o tres, tomar una cervecita… el ambiente es agradable y tranquilo y se pueden ver fachadas realmente preciosas.

Antes de marcharos, podéis pasar por la oficina de turismo, donde sacar los billetes de los castillos del Loira con descuento. Si estáis en paro o sois estudiantes miradlo bien porque algunos son gratuitos. Nosotros lo hicimos allí mismo, por Internet hay que sacarlos con bastantes días de antelación para que dé tiempo a recibirlos. Por 23 euros pudimos sacar entradas para dos de los castillo, un muy buen ahorro que vale la pena aprovechar.

Curiosidad: En Tours hay que pensar en san Martín, ese soldado romano del que se dice que encontró a un peregrino casi muerto de frío y al que le ofreció la mitad de su capa. Martín, que se convirtió al cristianismo y acabó siendo obispo de Tours, murió en el año 397 en Candes, otra población ribereña del Loira. Entonces empezó el conflicto: los habitantes de Candes (que ahora se llama Candes-Saint Martin) querían conservar el cuerpo del que ya consideraban santo pero los de Tours querían lo mismo y alegaban que había sido obispo en su ciudad. Así que una noche los de Tours asaltaron la iglesia de Candes y se lo llevaron. Lo maravilloso del caso es que, a medida de que navegaban río arriba con el cuerpo en una barcaza, de regreso a Tours, los árboles de la ribera iban floreciendo a pesar de ser noviembre. Y éste es el origen milagroso de esa anomalía del clima que es el veranillo de San Martín.

Día 3. Valle del Loira I

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