Día 7. Pest
Lo primero que hicimos al salir del apartamento, fue sacarnos un bono para 3 días de uso ilimitado de bicis. Había “cards” para turistas, pero subían de precio al incluir metro, museos y otros descuentos, y no íbamos a aprovecharlo según nuestro plan, así que pasamos.
Por 1.000 florines puedes hacer todos los trayectos que quieras si no superan la media hora y a cualquier hora del día/noche. ¡Ideal! Hay un montón de paradas repartidas por la ciudad para cogerlas y/o dejarlas, y es muy fácil, solo tienes que recordar el código que te dan y seleccionar el número de la bici que quieres, y ya está.

El recorrido para este primer día era muy relajado. Recorrer el margen derecho del río, el lado Pest de la ciudad e ir parando en los monumentos que fuésemos encontrando a nuestro paso: primero el Museo de la Historia Nacional (cerrado por ser las 9.00 horas, así que ni nos pudimos plantear la visita), como en la Sinagoga, bastante cara además y con una buena cola ya… al cambio unos 9 euros sin guía ni nada. Es la segunda más grande del mundo y la primera en Europa pero nos pareció mucho para una visita de 10 minutos que tampoco ofrece ningún valor más que ver le interior.

Seguimos un poco más hasta la Ópera, donde tampoco podías entrar, pero sí ver el exterior y la calle, donde hay muchas tiendas de lujo en las que entretenerse viendo los escaparates.
Luego seguimos hasta la Basílica para ver su reliquia (entrada libre a la iglesia), que es un puño del fundador de Hungría, San Esteban. Un poco guarrindogada, pero curioso… Subimos para ver las vistas (500 florines) impresionantes, y el tesoro (otros tantos florines) pero ya no entramos.

Comimos camino al Parlamento*, la visita planeada para la tarde, de la que teníamos grandes expectativas. El sitio era cutre, un local que por no tener no tenía ni baño, para gente de allí, muy concurrido, en el que puedes comer primero sopa y segundo plato y bebida por 2250 florines, muy rico y además con la ventaja de verlo y saber qué vas a comer (Pottage Bar, c/ Nador). El postre lo tomamos en un café (Prima Park Finompekam de Szent Istuan Komt) por 910 florines.
*Aviso importante: Las colas para sacar entrada en el Parlamento son largas y además son limitadas. Ofrecen pases a diferentes horas a diferentes idiomas (visitas guiadas), por lo que es posible que después de hacer la cola os quedéis sin entrada, y encima no puedes sacar para el día siguiente. Por eso es mejor sacarlos por internet. A ciudadanos europeos nos cobran 2.000 florines/persona + 400 por internet. No hace falta imprimirlo, si les pedís a las chicas que los venden os los imprimirán encantadas.
Como tuvimos que dejarlo para el día siguiente, aprovechamos para ver los exteriores. Es precioso y enorme (el tercer parlamento más grande del mundo detrás del de Rumanía y el de Argentina). Hay unos militares guardando la bandera, hacen un curioso cambio entre ellos, una fuente en el suelo por la que caminar para refrescarte con sus surtidores… curioso.
Tras esta pequeña visita, volvimos hacia la Plaza de la Libertad en nuestras bicis, donde hay una escultura en recuerdo a las víctimas del holocausto. Al lado de ella, ciudadanos anónimos habían hecho una contra-escultura en favor a la memoria histórica de Hungría, para exigir al Gobierno que reconozca que las víctimas fueron “vendidas” por ellos mismos, puesto que eran aliados de los alemanes y no hubo ni resistencia ni oposición a las detenciones y reclusiones en campos de concentración, ni a los fusilamientos, etcétera.
Luego seguimos viendo la ciudad, siguiendo el curso del río, dirección a casa, parando para ver los palacios que íbamos encontrando, y con destino a la plaza Erzsébet (Isabel), con unos grandes almacenes de todas las cadenas de ropa y algunos lugares donde descansar. Allí desemboca la avenida Andrássy, un bulevar donde las marcas de lujo tienen presencia obligada. Nos tomamos un cafetito helado y seguimos pedaleando… pero sin darnos cuenta, improvisando y dejándonos llevar por paradas no organizadas, nos marcamos una ruta por la ciudad en las bicis, perdiéndonos entre calles y disfrutando de las vistas espectaculares, y la temperatura perfecta.
Así que volvimos a casa a descansar y preparar la salida nocturna (nuestra sesión nocturna fotográfica), pero antes salimos a cenar. Escogimos un restaurante anunciado como típico húngaro “Letcho” cercano a casa (calle Raday,8) donde probamos la cerveza local Borsodi y unas ensaladas (3.000 florines).
Día 8. Buda, Parlamento y Mercado Central
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