Día 4. Pêcs
Desayunamos a la alemana con frankfurts y todo, a pesar del asquito inicial, pagamos y nos vamos de la «kartoffelpensión» rumbo a Pecs.
Nos quedan cerca de 3 horas de carretera, pasando por campos de girasoles marchitos, por decirlo finamente, bosques, algún río… paisajes bonitos y variados que nos hacen el camino más ameno por la 68 y por la ruta 66 (Jejeje…). Vemos un cervatillo cruzando por la carretera, unas cigüeñas enormes volando a sus nidos… y el termómetro llega hasta los 35º.

Pecs tiene dos grandes puntos de interés. Uno, al norte, con la Basílica y diferentes museos y jardines, donde aparcamos, nada más llegar (no pudimos entrar por estar en plena liturgia, pero es muy bonita), con sus puentes y una plaza con esculturas. No supimos encontrar la máquina y no pagamos, pero fuimos rápidos. En una tiendita compramos agua y helados (y por poco nos devuelven el doble del cambio).
Luego vamos al centro, el otro punto interesante de la ciudad, donde encontramos una calle súper cerca que era gratis. Allí comimos un menú típico húngaro, casero, donde servían comida para ellos, por 930 florines. Sopa de setas y de segundo un pollo y un guiso húngaro, aguas, postre típico y dos cortados por 3.500 florines en total. Todo muy rico, buenas raciones, y encima la hija de la jefa o cocinera, hablaba en inglés!

A la vuelta… sorpresa! Parece que más que gratis, aparcamos en zona de residentes y nos multaron con unos 16€ que fuimos a pagar en correos (Posta), con la rebaja pertinente por pronto pago. Cerca, en el Capri Cukrazda nos tomamos un café con leche fresquito por 980 florines.
Después volvimos al coche para ir a nuestra pensión, muy fresquita y confortable, descanso y duchita para volver al centro y conocerlo de noche, todo iluminado, y buscar un lugar donde cenar. Dimos vueltas y más vueltas, y estaba todo llenísimo de gente o bien era muy caro, así que acabamos tomando un kebak buenísimo en una terraza con buenas vistas a la mezquita y muy barato.

Ya nos habíamos dado un buen paseo pero la noche estaba preciosa y la temperatura era perfecta, así que seguimos paseando hasta llegar al teatro Nacional. Allí nos quedamos sentaditos y embobados escuchando a tres niños tocando el violín y el chelo… precioso y con una noche estrellada que de impresión, un cielo limpio donde se nota que no hay tanta contaminación.

Día 5. Siófok y Székesfehévjar
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