Hungría: día 3

Día 3. Lago Balatoon

Decidimos recorrer el lago Balatoon por el norte.

Nuestro destino era la pequeña península Tihany, pero de camino queríamos ver unas cuevas en Tapolcai, a 30 minutos del hotel. Al llegar, una gran cola (según el de seguridad, de 1 hora) se formaba bajo el sol, a 29º, así que decidimos hacerlo a la vuelta y seguimos camino durante 1 hora y media más, por una carretera en buen estado al principio, pero no muy bien indicada y que se fue haciendo más lenta progresivamente. El paisaje, sin embargo, nos hizo el viaje más cómodo, salpicado de viñedos, con un lago al fondo a ratitos…

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En  todos los aparcamientos son de pago. No lleva más de media hora visitarlo, pues básicamente es ver las casas de la calle principal, con tejados de paja negra, y ventanas y tejados redondos. Son todo tiendas de cerámica, lavanda, bombones y restaurantes (muy turístico). Arriba del todo hay una iglesia (1000 florines/persona) y alrededor un mirador con unas vistas impresionantes.

Siguiendo varios minutos la carretera se llega al puerto. Hay también restaurantes y tienditas, pero parece menos turístico. Bajando a la derecha se puede ver el otro lago interior, de donde salen ferrys hacia el lado sur de la isla (1.800 fl. por persona y coche). A nosotros nos interesa conocer Siófok, pero lo pensamos hacer n coche al día siguiente.

Comimos allí, en un sitio algo más apartado llamado «Piac Plac Tihany» (2 ensaladas de tomate, 2 pollos rebozados con patatas y 2 cervezas por 4000 fl.).

Luego rumbo a a tan solo 3 kilómetros. Para aparcar hay que pagar 300 fl./hora (un euro aproximadamente), pero no nos dimos cuenta hasta que nos fuimos y estuvimos todo el tiempo sin ticket, pero no nos multaron ni nada. 

Hay un pequeño puerto y un paseo largo paralelo a la costa muy parecido al de Keszthely (con patos, etcétera), y alguna escalera por donde bajar a remojarse los pies, pero hay rocas y musgo, así que ojo con los resbalones. Al final hay restaurantes y heladerías y unas barras giratorias dan acceso a las playas privadas, que cuestan 1.000 fl./día.

Por el puerto, hay también una calle trasera con tiendas de souveniers, etcétera muy animada.

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La oficina de turismo está en la misma calle que lleva a los monumentos, y al final del todo es donde está la famosa fuente. Parece que a la gente le gusta su sabor porque se llevan botellas a casa llenas, pero a nosotros no nos gustó. Tiene un sabor fuerte a hierro que la hace muy desagradable, se nota mucho la diferencia al agua «normal». De hecho, por allá donde cae se ha ido formando como un óxido que da muestras de su alta composición.

Nos tomamos dos cafés frapés con hielo y nada por 2€ cada uno en una especie de bar-disco de copas, donde por fin encontramos aire acondicionado, así que nos sentamos en la barra. Y de nuevo alucinamos con la falta de gracia y de simpatía y por no saber ni palabra de inglés, aun siendo muy jóvenes los que atendían… y sobre todo por no tener los locales con aire acondicionado y ser los camareros los que estaban ahí, tan a gusto al fresquito… aunque por lo menos nos permitieron quedarnos ahí a refrescarnos un poco.

Por el camino hay un montón de oferta lúdica: golf, tirolinas (2000 fl./persona), un museo militar con helicópteros y avioncillos (500 fl./persona) algo cutre, etcétera.

11947829_10207711733330818_6722452698027542052_oLa excursión en las cuevas de Tapulcali nos ha encantado. Dura una hora y cuesta 2000 fl./persona. Primero meten un poco de chapa alternando con pequeños vídeos en 3D, maquetas, etcétera, pero lo explican todo en húngaro. Hay carteles en inglés. Luego hay un vídeo final en 3D grande muy interesante. Y finalmente puedes hacer el recorrido en barca por las cuevas subterráneas con un pequeño remo. Es corto pero está muy buen puesto, iluminado todo, queda muy bonito, es divertido y muy recomendable.

Vuelta a casa, pero antes paramos a cenar en el Margaréta Etterem, y como mi novio es imprevisible, después de haber escogido un plato (pescado para mí) justo cuando la camarera tomaba nota, decidió cambiar y pedir un plato para los dos «especial de la casa» y recomendado por el chef. Culpa mía por querer probar la comida del país… se trataba del «margaretaplatte für 2 personen» que lo dice todo de él mismo… La noche prometía desde el principio. Primero fuimos a una pizzería italiana que estaba a tope el día anterior.  Una vez allí nos dimos cuenta de que era la misma cadena de restaurantes que el del mediodía, así que nos fuimos de allí, y luego volvimos la restaurante de la noche anterior, que nos encantó, pero el camarero nos dijo que teníamos que esperar una hora o algo así… no sabía inglés y a pesar de haber gente cenando, cuando nos hemos ido hemos comprobado que eso es lo que nos estaba pidiendo… En fin. Volviendo a nuestra cena, nos trajeron pollo rebozado, frankfurts, champis rebozados, arroz patatas fritas, un rollo de carne rebozado, cerdo, churrut… Dejamos bastante… rico pero excesivamente grasiento, mejor para comer. La calidad no era espectacular pero era barato (todo 4.400 florines).

Así que tras un pequeño paseo para bajar tanta grasilla, nos vamos a dormir.

Día 4. Pêcs

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