Último día en Beijing y viaje a Xi’an: Ciudad Prohibida y más lugares mágicos
Esta mañana salimos un poco más tarde de lo habitual, se nos pegan las sábanas 😉 Al final la noche anterior alargamos un poquito viendo el ambientazo del lago Qianhai.
La primera parada es la Ciudad prohibida: 60 yuanes – 7,8€. También Patrimonio por la UNESCO, requiere comprar la entrada previamente online desde este enlace o no os dejarán comprarla personalmente allí (se agotan pronto, no esperes al día anterior).


Nosotros fuimos en metro(línea 6 y transbordo a la 1). Al llegar os pedirán la pre-entrada y en taquillas os dan las entradas definitivas, digamos. Os pueden pedir el pasaporte, así que no olvidéis llevarlos.
Se accede desde la Puerta de Tian’anmen. Dicen que la visita dura alrededor de 4 a 6 horas, es imprescindible llevar un mapa para no perderse y las entradas se dividen en mañana (8.30 – 12) y tarde (12 – 15.40).





El Parque Beihai está muy cerca, no os lo perdáis. Es un jardín imperial del siglo X con diferentes palacios y templos muy importante que se extienden en más de 69 hectáreas, como la estupa de 40 metros llamada Pagoda Blanca (La Bai Ta), el Templo Tong’an (o de la Paz Eterna) y el Templo Chanfu… también podemos ver el Pabellón de los Cinco Dragones de la Dinastía Ming, que están conectados entre sí. También podéis buscar el Muro de los Nueve Dranoes de 1402, la Habitación Jingxin (Habitación del Corazón Calmado), el Muro Circular (Tuancheng)… vale la pena dar un buen paseo por allí.

Fue un palacio donde vivieron los más importantes emperadores, desde la dinastía Ming hasta la Qing, durante 500 años. Dentro de sus 700.000 m2 hay casi 1000 edificios. Los lugares imprescindibles son: Puerta de Tian´anmen, Salón de la Suprema Armonía, Escalinata de mármol, Salón de la Longevidad, Jardín Imperial Yuhuyuan y Muro de los nueve dragones, que está en la galería de tesoros (cuesta 10 yuanes por persona). Algunas atracciones requieren pagar otra entrada para visitar su interior, como esta última. No es mala idea llevar un mapa por lo que os dejo aquí una página en la que se explica muy bien desde un plano a vista de pájaro. Nosotros salimos por la puerta de la prosperidad.
El Palacio Imperial es el de Mulán y donde los emperadores Qing y Ming celebraban sus cumpleaños, los años lunares… y cualquier gran evento. Actualmente está en uso y vive toda la familia real. Tiene 980 edificios con 9999 estancias en total. 72 hectáreas y protegida con muros de 8 metros de altura.

Pasamos por un hutong con un restaurante en una callejuela y nos paramos a comer: un plato de arroz, dos de carne y dos cervezas por 260 yuanes (incluida la propina). Estaba todo riquísimo, pero ojo con el picante… nosotros pedimos «medio» y no podíamos dejar de llorar 😉





Nos vamos en Didi al Templo de los Lamas (Dongcheng), el templo tibetano más importante exceptuando los del Tíbet, por supuesto. Cuesta 25 yuanes, unos 3,25 euros (de 9 a 16 horas). Esta es una visita imprescindible. Habíamos leído que había muchas colas, pero no había casi gente. Lo vimos en una hora aproximadamente. Es un lugar con un ambiente muy zen, es especial y vale la pena visitarlo despacio y disfrutando de cada rincón. Fue curioso que a pesar de ser casi la hora de cierre seguía entrando gente.







Muy cerca está la Calle de los Fantasmas o Gui Jie (calle Dongzhimennei) repleto de restaurantes adornados con farolillos rojos. Su nombre proviene de la leyenda que dice que fue un antiguo mercado de ataúdes y que hoy en día los espíritus de sus “clientes” todavía vagan por estas calles… A pesar de esta premisa, es un lugar muy bonito para pasear: hay antiguas librerías y tiendas de productos artesanos. De hecho, parece un barrio bastante pijo.
Y de aquí nos vamos a por nuestras maletitas y a la estación de trenes, porque tenemos la salida a Xi’an a las 19 horas desde Beijing West (la llegada a Xi’an North estaba programada a las 23:11 y fue puntual).
Descartamos la opción de ir en avión porque aunque era la mitad de tiempo el trayecto en sí mismo, del aeropuerto al centro hay unos 41 min. 36,6 km. mientras que la estación de tren está muy cerca del centro, además del trajín de facturar maletas, recogerlas, ir con mucha más antelación… el precio del avión era muy similar y queríamos vivir la experiencia de viajar en tren a semejante velocidad…
Ida a Xi’an en tren bala: La estación desde la que sale es la de Beijing West, a unos 25 minutos con las líneas 4 y 14 de metro (24 min. coche. 12,1 km.) y se llega a la estación Xi’an North, a una media hora en metro o taxi del centro de la ciudad. Con trip.com: salimos a las 19:00 horas con el G59 que tarda 4 horas y 11 minutos, es decir, llegamos a las 23:11 a Xi’an North. La verdad es que no se nota mucho la gran velocidad a la que va a pesar de que hay momentos en los que da vértigo ver en la pantalla cómo suben los kilómetros por hora.
Dormimos en Starway hotel, ubicado en el centro, muy cerca de la Torre de la Campana (Zhonglou). Hasta allí llegamos en la línea 2 (la roja) en 10 paradas.
Llegamos bastante tarde, pasaban 6 minutos de la media noche. Y a esa hora, por las calles del centro, llenas de foodtracks y puestos de feria, todo el mundo disfrazado por Halloween increíblemente terroríficos, claro. 😉 En serio, las calles no podían tener más luces y música, la gente se curra mucho cómo van vestidos y maquillados, había un ambientazo increíble y la pequeña vuelta que nos dimos nos pareció un verdadero sueño. Nunca habíamos visto nada igual.





El hotel es pequeño, pero no le falta detalle. Incluso hay un robot que te trae las toallas.
La chica de recepción es un amor y nos ayuda a conseguir las entradas para el día siguiente e ir sobre seguro a ver a los Guerreros de Terracota. El problema para conseguirlas anticipadamente es que necesitas un número chino. También hay la posibilidad de comprarlas allí, pero no es lo que nos dijo la chica, así que nos dejamos ayudar.


Mención especial merece la mencionada chica, encantadora y servicial hasta el extremo. Recordad que no está muy bien interiorizado el tema de las propinas. No les ofende, pero se sienten obligados a devolverlo. Así nos pasamos agradeciendo y recibiendo regalos por su parte un par de rondas… y los detalles no eran cualquier cosa. Por ejemplo, se molestó en mirar nuestros pasaportes para saber nuestro horóscopo chino y comprar totalmente personalizado uno de los regalos… todo con cariño y un gusto exquisito. En fin, una pasada. Un saludo agradecido.

Cenamos estupendamente en los puestos callejeros, con una cervecita que compramos en una tienda fuimos sentándonos en las mesas corridas que ponen entre los diferentes sitios de comida para probar viarias cosas: una especie de pintxos de gamba, el popular calamar… y un plato de tallarines que estaban espectaculares. También encontraréis frutas cortaditas para degustar con o sin chocolate y todo tipo de cosas dulces como postre.
Nos vamos a las mil a dormir, cansados pero emocionadísimos por el día vivido y por todo lo que veremos a la mañana siguiente. Estuvimos dudando muchísimo si ir a Xi’an o repartir ese tiempo entre las otras dos maravillosas ciudades escogidas, y no podemos arrepentirnos, aunque el tiempo esté un poco apretadito. ¡Seguimos!
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