Esta jornada promete ser larga y requiere jugar un poco con los tiempos, porque hay varios lugares que ver y deberemos escoger sobre la marcha. Así que salimos a las 9 desayunados, lloviznando y con 13º de temperatura.

El camino hacia Wattens, nuestra primera parada, es precioso; montes, valles con pueblecitos enanos como iglesias altas e imponentes.
La principal atracción de lugar y por lo que es conocido es por su fábrica y Museo de Swarovski, creado en 1995 cuando la marca cumplía 100 años. De hecho, recibe anualmente a más de 10 millones de visitantes. El museo muestra piezas por todas sus instalaciones, que incluye los exteriores (jardines como la “Nube de Cristal”, un lago, una “Piscina Espejo”) y 16 salas subterráneas donde ver las mejores piezas de arte. El acceso a los jardines y a la tienda era gratis hace poco, pero hace un tiempo hay que pagar la entrada general, antes solo necesaria para entrar al museo, que cuesta 23€/persona. Está abierto de 9 a 22 horas y no nos decidimos a pagar semejante dineral para ver el producto de una empresa, por mucho que sean consideradas por los austriacos «obras de arte», con todo nuestro respeto. Así que damos un paseo por los alrededores viendo el famoso gigante, la piscina, y desde lejos el jardín, y nos vamos corriendo para ver otras cosas. Es increíble la de gente que había, las familias entraban en masa… así que lo tomamos como parada técnica y seguimos camino a las 11:40 horas.




El Valle de Stubai es un valle enmarcado por montañas nevadas, muy verde y con bonitas casas con flores en sus balcones y que lleva al glaciar de Stubai y al teleférico Eisgratbahn, que sube a una primera y luego a una segunda estación que está a 2600 metros. La idea era acercarnos a Schloss Ambras (muchos blogueros dicen que prescindible) y acercarnos al funicular del salto de sky. Pero hay mucha nube y pensamos que no se verá nada y, dado que la excursión es cara, calculamos entre parking, teleférico, etc. más de 40€, lo desechamos y decidimos ver Insbruck, que habíamos planeado para el día siguiente.
Salimos a y 45 y llegamos a las 12:15 horas aproximadamente. Aparcamos en zona azul 2,5 horas por 2,70€, y llegamos paseando por el río. Luce el sol y se ha quedado un cielo chulísimo. ¡Hemos acertado! Enseguida nos damos cuenta de que hay mucho que ver. Hay un montón de iglesias que ver de camino a una u otra cosa: la iglesia de los Jesuitas (dentro de la Universidad de Innsbruck), la Iglesia Hospitalaria del Espíritu Santo, la Basílica de Wilten, la Catedral de Santiago y la Hofkirche o Iglesia de la Corte (XVI) de estilo gótico, con preciosas columnas de mármol rojo, un bonito altar y el cenotafio del emperador Maximiliano. También está enterrado el héroe nacional del Tirol: Andreas Hofer. Fue un posadero que instigó la rebelión de los montañeses tiroleses contra Baviera y el imperialismo bonapartista a finales del siglo XVIII.


Llegamos paseando por el río hasta unos puestos de comida y bebida, en unas carpas con bancos corridos donde la gente se para.

El centro histórico es espectacular, con unas casas con fachadas preciosas. No es de extrañar, pues, que Insbruck sea la capital del Tirol austriaco, conocida por su símbolo: el Tejado Dorado (1500), que está en el centro y recibe ese nombre por sus 2738 tejas de cobre dorado que hacen que brille de forma espectacular. El emperador Maximiliano I de Habsburgo y su consorte Blanca María Sforza utilizaban su mirador para asistir a los eventos de la plaza. Su fachada tiene balaustradas (columnas que forman una barandilla o antepecho).

Antes, pasamos por la Casa Helbling o Helblinghaus (XV) es de estilo gótico y fue un pequeño café que posteriormente se reformó en 1980. Es impresionante la decoración con esculturas, bustos, máscaras, conchas… con todo lujo de detalles. Sus colores pastel la dotan de una elegancia muy especial.





En la misma plaza también se encuentra la Torre de la Ciudad, la Stadtturm (1450) construida como torre de vigilancia y que acogía la prisión en su bajo. Tiene 31 metros de altura (133 escalones) y se pueden ver las montañas Bergisel y Patscherkofel, el río Eno y la parte vieja de la ciudad. Se puede subir para ver una panorámica de la ciudad, haciendo una pequeña cola porque limitan el número de visitantes arriba, así que lo hacemos a un precio de 4,50€ (con el ticket puedes ir al baño gratis).







Para conocer un poco de historia se puede visitar el Ferdinandeum o Museo Estatal del Tirol en honor al conde Fernando II del Tirol. Va desde la Prehistoria a la Edad Media, obras de arte, instrumentos de Jakob Steiner, etc.
Nosotros volvemos al coche y de camino nos paramos a comer unos noodles, un arroz con ternera y verduras que están de locos, con dos cervezas enormes por 21€. De lo más bueno y encima barato, os lo recomendamos mucho. Se llama Haikky Mini Insbruck.
Esto nos hace pasarnos de la hora de zona azul, pero por suerte no hay multa… ha subido la temperatura y hace un sol brillante y nos vamos felices a las 14:50 horas hacia el hotel de Hall in Tirol para conocerlo con tranquilidad.





Hay poco más de 10 minutos, así que descansamos un poquito, compramos el desayuno para el día siguiente en una tienda de al lado, y aparcamos en el centro sacando ticket a las 15:50 horas en Unterer Stadtplatz. Aquí las máquinas solo admiten metálico y van reguleras… una heladera muy maja nos da cambio, pero solo nos admite 1€ así que esperamos no tardar mucho en verlo.
Hall in Tirol es un pueblo precioso con montañas de fondo y un casco antiguo súper bien conservado y el más grande del oeste de Austria, todavía con sus antiguas murallas. Solo pasear por allí y mirar fachadas con sus puertas y ventanas antiguas, calles adoquinadas y detalles medievales vale la pena. De hecho, se han rodado muchas películas, entre ellas Sisí (también en Innsbruck).

Aunque leímos que por allí se podía contratar una visita guiada teatralizada sobre el verdugo de Hall, no lo vimos anunciado por ningún sitio. Por si os interesa y encontráis dónde contratarlo, hablan de la historia de la ciudad en 1662 cuando los adúlteros, ladrones y demás criminales eran ahorcados o decapitados, y en algún caso torturados en 7 diferentes lugares.
El mercado de agricultores se celebra desde hace más de 20 años en la plaza Obere Stadtplatz donde se pueden comprar productos tradicionales y tomar degustaciones. Nosotros no los vimos, seguramente están solo unos días en concreto o a horas más tempranas.
Lo que sí pudimos ver fue el Ayuntamiento, que fue residencia de Heinrich von Tirol, rey de Bohemia, quien lo donó en 1335 a la ciudad.

Al lado del ayuntamiento se encuentra la Iglesia de San Nicolás (finales del siglo XIII y ampliada en los siglos XVII y XVIII). Su interior es barroco y tiene reliquias del caballero Waldauf (como no es una cosa que abunde, permitidme contataros que los baños de al lado son gratis).





Tras callejear por el pueblo, vamos en coche al Monasterio-Basílica del Sagrado Corazón (1567), que fue un monasterio de mujeres y lo fundó la Archiduquesa Magdalena de Austria, hija del emperador Fernando I, cuya tumba se incrustó en el muro este de la misma. Es Renacentista temprano con ecos de gótico. Es gratis y a su alrededor hay casas de madera muy bonitas, con flores en sus balcones.


Volvemos al coche y nos dirigimos al castillo, a escasos 5 minutos. El Castillo de Hasegg con la torre Münzerturm, que se construyó en 1300 en plena ebullición como centro comercial gracias a sus minas de sal. De hecho, era una estructura defensiva para protegerlas, ya que era cruce de caminos. Luego fue casa de moneda, en 1477 por Segismundo, Archiduque de Austria, hasta 1806, cuando la ocupación bávara y las guerras napoleónicas hicieron escasear la plata local. Precio: 11,5€ todo, sala de monedas 8 y torre 5,50€. Solo está abierto de martes a sábado hasta las 17 horas (a las 16 horas la última visita), así que no podemos entrar, pero sí dar un paseo por fuera y su plaza y jardín interior, que no lo cierran.





A las 18:30 horas estamos rotos. Vamos a cenar algo ligero y a meternos en la cama porque los ratitos de coche y los 13.777 pasos de hoy nos pasan factura, pero con buen sabor de boca porque nos ha encantado todo lo visitado, especialmente este último pueblo..







Vuelve al día 6: Melk – Salzburgo
Sigue en el día 8: Hall in Tirol – Lienz
Vuelve al inicio del viaje; «Austria: el corazón de Europa»
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