El primer día nos levantamos a buena hora. Desde Queens fuimos en metro hasta el teleférico de la Isla de Roosevelt. La zona no tiene gran atractivo, pero ver desde las alturas Manhattan está muy bien. De ahí nos vamos en metro para ir a Chelsea para pasear por el High Line de relax, haciendo alguna comprita. Entramos en el Mercado de Chelsea y tomamos un tentempié. Nos gusta mucho, es precioso.

Luego caminamos 20 minutos por la 5ª Avenida viendo tiendas espectaculares, hasta el FlatIron en la 23 con Broadway y que realmente me parece precioso, lo vi de repente, y me quedé completamente anonadada. Luego nos vamos a Gramarcy Park que, aunque es privado, la verja suele estar abierta. También nos acercamos al Union Square que debe su nombre a que a principios del siglo XIX unía las dos principales calles de la isla, y la Metronome (instalación artistica inaugurada el 26 de octubre de 1999 conocido como el edificio que echa humo) que tiene una arquitectura moderna y muy especial.

Hemos llegado al mediodía y tras cruzar el Parque Madison nos dirigimos a comer un sandwich al Eisenberg’s sandwich shop en la 174 con la 5ª avenida. Un lugar muy bonito, aire acondicionado y buenos precios… ¿qué más se puede pedir? Pedimos ensalada de huevo, ensalada de col, dos sándwiches de atún (22$), y todos los camareros hablan en español y el local tiene un encanto especial, con la gente sentada en la barra conversando entre ellos, leyendo un libro, bromeando con los camareros… ¡como en las pelis! Son súper abiertos.

Seguimos nuestra caminata, esta vez hacia Whashington Park, situado en el mismo barrio donde está la casa de Friends, atravesando la calle 15ª este.
Llegamos a Greenwich Village donde han colocado unos puestecillos y nos vemos obligados a sacar metálico porque hay unas gorras baratísimas (5$) que queremos llevarnos de recuerdo. En el cajero nos cobran 3$ de comisión (en el American Bank por 100$). Nos tomamos una limonada por 1$ y nos vamos a coger el metro para ver One World Trade conocido como la Torre de la Libertad (Freedom tower). El memorial del 11 de Septiembre es un lugar súper concurrido y si vais fin de semana es bastante probable que no podáis entrar o que tengáis que hacer doble cola (para comprar la entrada y para acceder). Paseamos por los alrededores, preciosos, con fuentes donde se ven escritos en placas de acero los nombres de los fallecidos, a los que les ponen una rosa encima el día en el que cumplirían años.

Nosotros decidimos dejarlo para otro día, y aprovechar el tiempo viendo otra cosa; nos dirigimos a la estación de metro diseñada por Calatrava llamada Oculus que es preciosa y la más cara del mundo, aunque parece que tiene ciertos defectillos, lo que parece signo de identidad del arquitecto español.


La idea es coger un metro hasta Brooklyn (si no nos llega a ayudar un dominicano con el que nos encontramos, no sé si solos lo hubiéramos hecho porque había que hacer trasbordos) y cruzarlo de allí hacia Manhattan con la luz del atardecer. Temperatura ideal, súper a gusto… aunque la vuelta al hotel ha sido una odisea porque a ciertas horas cierran algunas estaciones y no está muy bien indicado. Al final se nos hace un poco tarde, así que llenamos el coche de gasolina y vamos a un Burger King de Queens, con ambientillo auténtico (negros enormes con cadenas de oro y camisetas anchas, coches de policía por todas partes, calles oscuras…).
Ha sido un día muy cansado pero hemos visto mucho y nos ha encantado. Sobre todo a mí que no conocía la ciudad. Mañana nos espera un gran día también. ¡Sigue leyendo!
Vuelve al inicio del viaje: «EEUU: Ruta por la costa Este»
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