Día 9: South Yarmouth (Cape Cod 1)

Hoy tenemos un radiante día por delante que nos llena de emoción porque vamos a conocer el «Cabo Cod», una península al noreste del país, denominada «The Cape» por los estadounidenses, concretamente, ubicada en el extremo oriental del estado de Massachusetts, en el condado de Barnstable. Su frente marítimo, sus pequeñas villas y las pequeñas islas cercanas, como Monomoy, Monmoscoy, Popponesset y Seconsett, atraen mucho turismo, pero la mayoría es interior, bostonianos que vienen durante los meses de verano a su segunda residencia para disfrutar de la playa y el mar. Dicen que es la costa bohemia, pues muchas mentes creativas vienen aquí a inspirarse.

Desayunamos fuera, pero como no queremos perder mucho tiempo, entramos en un lugar típico donde los haya: un McDonalds (pagamos 12$ por dos cafés con leche gigantes y para comer muffins y cookies. En el pueblo donde dormimos, Soyth Yarmouth, vemos el molino Yudah baker wlndmill pero no entramos porque no estábamos en el horario de apertura. Tiene una playa pública donde dicen que se puede ver tortugas: la Bass river beach que no vemos.

Nuestra ruta empieza con una primera parada en Chatham, donde paseamos por una playa salvaje, tomamos un baño y cojo arenita para mi colección. Luego vamos al faro, algo escondido. El faro Harbor Lighthouse tiene su historia: fue llamado Twilighsts hasta 1923, pues eran dos: uno de ellos construido en 1877, que fue reemplazado por una torre en 1841, y el otro en 1808. Una de ellas se trasladó en 1923, que es el Nauset lighthouse que veremos en la siguiente parada.

Hay parking gratis por toda esta zona y baños públicos gratuitos.

Seguimos hasta nuestro segundo objetivo: Nauset, para ver también su faro, aunque tenemos que alejarnos porque todos los aparcamientos estaban hasta arriba de gente. Si vais mal de tiempo, es prescindible.

Al lado hay un lugar donde se almacenaba combustible. Antes había otras torres, las llamadas «tres hermanas de Nauset», de ladrillo, pero cayeron al mar por la erosión y en 1890 fueron reemplazadas por unas de madera. En 1911 se desmantelaron, pero una de ellas, el faro, se retiró y junto a la casa del guardián siguió operando. Finalmente en 1923 trajeron la actual, de acero.

Hacía sol pero fresquete, así que no repetimos baño, pero os recomendamos llevar varios bañadores y toalla para refrescaros de vez en cuando, si el tiempo acompaña.

Parece que es una zona de mucho viento. A nosotros, por lo menos, es lo que nos tocó durante todo el día. Hizo más soportable el calor, se estaba genial, pero no apetecía meterse en el agua y sí seguir visitando lugares y dar paseos tranquilos.

Seguimos hasta Wellfleet y vemos el puerto, las marismas y la playa. Muy bonito y con la langosta, típica por toda esta zona, más cara que en otros sitios. Nos choca mucho ver a un señor pescando con su hijo, pues había carteles que lo prohibían. Pescan una tortuga, horrible, como dijo el niño, y les cuesta muchísimo sacarle el anzuelo… ¡qué imagen!

Hay un edificio que se llama The Colony, de 1948, donde algunos escritores, poetas y profesores se hospedaron. Hay senderos para caminar, marismas, un observatorio de aves y animales, el puerto y sus playas, y si os apetece podéis adentraros en el bosque cercano, donde hay ocultas casas modernistas de los grandes arquitectos de Bauhaus como Marcel Breuer, Serge Chermar o Paul Weidlinger.

Vamos a por el final del brazo. Primero a Highland lighthouse. Este faro está en activo actualmente y es el más antiguo de Cape Cod, como comentaba, reemplazó a las dos torres de 1797 y 1831. La torre actual se construyó en 1857 y en su día cobijó a Henry David Thoreau, el escritor, poeta y filósofo estadounidense autor de Walden y La desobediencia civil.

¡Ya son las 12:30 horas! Este es el que más nos gusta hasta el momento, aunque en el observatorio no se ve más que agua, ni ballenas ni nada. Estamos una media horita de paseo, curiosamente, atravesando un campo de golf; hay jardines que se pueden visitar y el museo de la Truro Historical Society con restos de barcos naufragados. Luego nos vamos a Provincetown a ver si podemos sacar tickets para ver ballenas y comer el típico bocadillo de langosta.

Este es un itinerario que podríamos llamar la «ruta de los faros», y que nos gustó por poder acercarnos a la costa en diferentes lugares pero todos inhóspitos, con la tranquilidad y con ese puntito bohemio que enamora.

En este aproveché para comprar postales (0,75 $/unidad), preciosas y con ese toque nostálgico y bastante bien de precio para lo que habíamos visto hasta el momento.

Cuando llegamos a Provincetown, sobre las 13:30 horas aparcamos en el puerto por 3,5 $/hora (cuidado, no fraccionan las horas). Luego vimos que al final del pueblo, si tenéis suerte de aparcar en la calle, la zona azul baja a 2$/hora con un máximo de 3 horas. Otra posibilidad es aparcar en el del Museo del Pelegrin: 10 $ hasta las 18 horas o 15 todo el día,y os incluye una entrada.

Fuimos directamente a ver con qué compañía coger los billetes, y nos decidimos por el Dolphin Fleet Whalewatch que ofrece la posibilidad de reservar los tickets vía web, importante porque va relacionado con la hora de salida del barquito. Tanto en Internet como por los alrededores del puerto encontraréis cupones de descuento que te dejan el precio en unos 50$/persona.

Luego paseamos por la ciudad, que es la capital, muy famosa por ser en estas costas donde llegaron los primeros colones ingleses, los llamados peregrinos. De hecho, el Mayflower atracó en el puerto de Provincetown en 1620.

A todas horas llegan ferrys desde Boston por lo que hay muchísima gente y sus galerías de arte, tiendas y restaurantes están llenos a rebosar. No es feo, pero está masificado y menos cuidado de lo que podría estar… Eso sí, como toda ciudad que se autodenomina «gay», tiene todas sus calles llenas de banderolas arco-iris y la definen como alocada, progresista y cultureta, con una colonia artística muy interesante durante la temporada baja pero muy familiar en verano, cuando se celebran un montón de festivales.

En esas dos horas de tiempo que restaba para la salida, damos un buen paseo por el pueblito y nos comemos lo típico aquí: un roller lobster que viene con ensaladita de col y patatas fritas. Escogimos un restaurante porque los precios eran parecidos y queríamos estar sentados y fresquitos ¡la temperatura subió exponencialmente en poco tiempo! Nos costó 46,74$ con propina, que nos disgustó un poco porque antes de decidir cuánto dejar, al grito de «es mi salario» nos obligaron a dejar un mínimo de 15%… pero bueno, todo es acostumbrarse. Lo importante es que nos gustó muchísimo, os lo recomendamos, nos pareció muy rico y descansamos y preparamos nuestra excursión que, por cierto, nos hizo descartar otro plan que quizás os encaje si encontráis bicis de alquiler: recorrer un sendero ferroviario, el shining sea bikeway desde la terminal del ferry Steamship Authory en Woods Hole hasta Norh Falmouth (son 10,7 millas)

Como nos quedaba un ratito, vamos a la Torre Pilgrin para ver las vistas de toda la costa. El Pilgrim monument fue construido en 1907-1910 para conmemorar la primera llegada de los peregrinos en 1620 y la firma del Pacto Mayflowr en el puerto de Provincetown. Subimos por 12$ cada uno, un poco caro, pero al menos podemos ver también el museo. La subida es cómoda, escalera aptas para todo los gustos, en 5 minutos se sube hasta los 80 metros de altura, y con 45 minutos tenemos suficiente para disfrutar de unas vistas fabulosas del pueblo y el mar.

Aquí fue donde nos enteramos de que no se sabe cómo era el Mayflower. Ya os hice un spoiler en el día que tendríamos que haberlo visitado.

Sí, nos quedamos alucinados… ya sabéis que en especial Iñigo no es muy de ver reproducciones, valoramos mucho que sea original, sea muy restaurado o poco. Aquí son claros: un tío se lo inventó y de ahí hicieron una construcción de un barco que, por si fuera poco, según la mayoría de historiadores, es imposible que la real fuese como esta… en fin… quizás fue una suerte que no estuviera allí.

Hay una biblioteca pública en la que se puede buscar una goleta enorme, si no vais en fin de semana o festivos.

Cape Cod fue un importante obstáculo para la navegación y en los últimos 300 años se han registrado más de 3000 naufragios en esta costa. El Peaked hill saving station es un viejo puesto de socorro construido por ello.

Llegamos un ratito antes al barco, ¡no queríamos quedarnos fuera! Se puede llevar comida y bebida o comprar dentro, pero el pago debe ser en metálico. Nosotros, como acabábamos de comer, nos llevamos unos postres.

Compramos unas chocolatinas en el pueblo por 2$/unidad: todo allí es más caro, os recomendamos llevar todo comprado «de casa».

La gasolina también está prohibitiva, llega a los 3,16 $/galón. ¡Qué suerte que la langosta sea más barata aquí!

El barco recorre la costa, así que se pueden ver los faros que hemos ido recorriendo antes y otros que no son tan accesibles, playitas también alejadas, el pueblo desde otra perspectiva y por el otro lado, claro, la inmensidad del mar, mientras una chica va dando datos históricos, contando curiosidades y chascarrillos, todo en inglés, muy maja y simpática.

Alcanza una velocidad de 30 km/hora y durante todo el trayecto puedes salir a cubierta sin peligro de mojarte, a hacer fotos, pero ojo, cuando salta tiene su peligro, ¡agárrate bien en todo momento!

Cada vez que una ballena aparece en el horizonte, la chica va indicando la posición: a las 12, a las 3… ¡increíble! Vimos un montón de ballenas. En la información de la empresa te garantizar ver, pero… aquello fue demasiado, de verdad, la cantidad y lo cerca que se ven, cómo van jugando en paralelo, echando chorritos de agua, los coletazos… solo faltaron los saltos, pero fueron un total de tres horas que se pasan volando y nos hicieron pasar un rato súper divertido, nos encantó, así que nuestra recomendación es que ¡no os lo perdáis!

La guinda de esta excursión, fue la llegada al puerto al atardecer, con delfines…

Si esperáis al último, iréis con menos gente y encontraréis más sitio tanto para ver como para hacer fotos, además de una luz preciosa.

No olvides llevar una buena chaqueta, hace bastante frío, a ratos el viento es recio y la humedad tampoco ayuda. Imprescindible darte bien de protección solar, y llevar una gorra bien calada y gafas de sol, porque Lorenzo también pega. 🙂

Nos faltaba ver el faro más alejado y las dunas de arena (*). Durante el trayecto en barco vimos un poquito esa zona y nos dimos cuenta de lo muchísimo que tendríamos que caminar para poder llegara esa playa. Así que decidimos que menos es más, restar esa visita y al llegar al pueblo tomar un café tranquilamente, dedicarnos tiempo a nosotros y reservar tiempo para cenar en algún sitio cercano al hotel, disfrutar de la comida, contarnos lo que más nos está gustando… centrarnos en nosotros, en una palabra.

Por 5 minutejos no nos cobran una hora más, así que a las 19:39 volvemos ¡on the road again! En una hora ya estamos comprando cositas para poder desayunar en el hotel, disfrutando de las dunas por todo el camino, mirando a la izquierda durante un buen rato.

Cenamos en un lugar un poco caro. Es una especie de barco, todo el interior es de madera, con mesas amplias y separadas, luz tenue y gente muy bien vestida. La verdad es que, por un momento, pensamos que igual no nos dejaban entrar, pero sí. Se llama Lobster boat y tomamos un plato de langosta cada uno (con media tenéis bastante), servido con ensalada de col, patatas fritas y aros de cebolla que nos pareció muy rico, por 64$ los dos… ¡pero nos olvidamos de dejar propina! Qué vergüenza… pero es que, cuando no estás acostumbrado, y la cuenta no te parece barata, es fácil no pararte a sumar nada más.

(*) No vimos, por no tener permiso, el Race Point Lighthouse, ubicado donde hubo una torre que se iluminó por primera vez en 1816. Fue reemplazada en 1876 por la actual, de hierro y 45 pies de altura, y está en activo: su cuidador vive en él como miembro de la Guardia Costera.

Tened en cuenta que hay que caminar unos 45 minutos a pie, o bien pedir un permiso para ir en coche, pero solo os lo darán si disponéis de un todo-terreno que os permita circular por encima de las dunas durante los 3 km que distan de la carretera general.

Ha sido un día genial. Mañana es nuestro último día, y nos planteamos qué hacer. Lo único que nos ha faltado de nuestro itinerario es lo cercano a las dunas: ver el Peaked hill bars, un lugar donde se han celebrado diferentes acuerdos con organizaciones sin fines de lucro desde 1990 y que ofrecen programas de residencias de artistas y escritores y los curiosos lagos Kettle que son marmitas gigantes, unas 20: unas formaciones de origen fluvio-glaciar más o menos circulares, y a veces llenos de agua por la acción de las corrientes fluviales.

Es el único día en el que no hemos reservado hotel, así que muchas posibilidades se abren frente a nosotros… ¡qué novedad! La verdad es que siempre tenemos varios planes A, B e incluso C para poder improvisar y escoger según lo que nos apetezca, pero algo tan abierto… ¡insólito!

¿Qué haremos mañana? ¡Sorpresa!

Día 8: Boston

Día 10: South Yarmouth (Cape Cod 2) o no…

Vuelve al inicio del viaje: «EEUU: Ruta por la costa Este»

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