Día 11. Camino a Hasliberg
Nos levantamos a buena hora para partir hacia Hasliberg (hotel Twing: 114 euros las dos noches con desayuno), donde dormiremos dos noches para visitar la zona de Interlaken (Entrelagos), que nos tiene enamorados ya antes de llegar, por las fotos que hemos visto.
Por el camino, paramos a visitar Lucerna, que nos sorprende en primer lugar por su fantástico emplazamiento junto al lago de los Cuatro Cantones, justo donde el río Reuss desemboca. Aquí anduvimos buscando sitio para aparcar y nos costó bastante. Hay mucho turismo pero vale la pena, y se puede aprovechar para comer tras conocerla (te llevará una hora y media o dos), porque hay bastante oferta.

Precisamente las primeras panorámicas que tenemos de la ciudad según nos acercamos andando al centro de la ciudad, es del río y de los edificios situados en los márgenes. El símbolo de la ciudad es el Kapellbrücke, puente cubierto de madera reconstruido hace unos años después de un incendio ocurrido en 1993 (se construyó inicialmente en el siglo XIV). Protegía la parte de la ciudad que daba al lago. Junto a él se alza la torre octogonal de Wasserturm. En el interior del puente hay paneles de madera que describen la historia de la ciudad, algunos son reproducciones. En el exterior del puente hay muchos maceteros con flores que le dan un aspecto muy bonito y primaveral. A la izquierda del puente se ve la iglesia de los Jesuitas (Jesuitenkirche). Es la primera iglesia de tal congregación en Suiza. Se levanta entre dos torres coronadas con campanarios de bulbo. En la orilla derecha del río está el antiguo ayuntamiento, Altes Rathaus, que se construyó a principios del siglo XVII en estilo renacentista, y que tiene una torre de base cuadrada que domina el Kornmarkt.
A la derecha del ayuntamiento está la «Gasthaus zu Pfistern«, que destaca por su fachada pintada. Un poco más adelante, se encuentra el Spreuerbrücke, un puente cubierto conocido por el nombre de «puente de los Molinos», sobre un brazo del río Reuss. Es del siglo XV, reconstruido en el XIX, con paneles de madera decorados que representan la Danza Macabra. En el centro de la ciudad está la plaza del Mercado de Vino, Weinmarkt. Las casas que la forman, cubiertas de pinturas y decoradas con rótulos y banderas, pertenecieron en otra época a las distintas corporaciones de la ciudad.
Seguimos camino hasta la zona de Interlaken.

Lo que parecía una desgracia, de nuevo nos sorprendió siendo una sorprendente suerte. Al tener que evitar las autopistas y hacer camino por carreteras secundarias, descubrimos un recorrido largo, que nos tomó medio día pero que nos permitió descubrir vistas, pueblos y lagos de montaña que no sabíamos ni que existían.
Buscando a posteriori, creo haber localizado dos de ellos, pero lo cierto es que no estoy segura del todo. Uno es el lago Oeschinensee al que la gente creo que accedía por un telesilla sobre el pueblo de Kanderste. El otro es Bachalpsee, más cercano a Grindelwald, desde donde salían también remontes, o bien se puede ir por un largo sendero.
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