Polonia. Cracovia III

Día 11. Cracovia

Aparcamos poniendo zona azul en la Plaza Matejki, nombre que coge del célebre pintor Matejko, con el Monumento conmemorativo a la batalla de Grunwald en el centro, (copia de 1976, tras su destrucción en la II Guerra Mundial), en la que se venció a los caballeros Teutones. Al lado está la Tumba del soldado desconocido. Aquí se concentraba el sindicato Solidaridad en los años 80 para protestar y aquí se celebran las fiestas nacionales.

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Al noroeste de la plaza se alza la Iglesia de san Florián, románica remodelada en el barroco, que conserva las reliquias del santo.

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La Barbacana o «barbakan», es un bastión circular gótico, de más de 20 metros de diámetro rodeado por un foso. Se construyó en 1499 con ánimo defensivo, para hacer frente a la amenaza otomana (turca), por lo que no es de extrañar que haya 130 saeteras para disparar flechas, y 7 torres de vigilancia. Aunque hoy se encuentra aislada, estaba unida a las murallas y a la puerta de San Florián (donde empieza el camino Real hasta el Castillo de Wawel que visitamos a nuestra llegada, recorriendo 335 metros desde que se trazó en 1257), y hoy en día es uno de los pocos ejemplos de barbacana medieval conservados en Europa. Popularmente se le conoce como la Cacerola, y en su interior se hacen exposiciones, pero aparte del patio interior y las murallas, no hay nada más que ver, así que nos ahorramos los 8 PLN de la entrada.

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En cuanto a la muralla, se levantó en el siglo XIII y se reformó en el siglo XVI, llegando a medir 4 kilómetros. Se derribó en el siglo XIX (estaba en ruinas) y se sustituyó por las llamadas plantaciones (“planty”), un oasis en la ciudad lleno de plantas y estatuas que hoy en día es el parque más importante de la ciudad. Sólo se conserva una de las puertas, la de San Florián, que era la puerta de acceso a la ciudad y la principal entrada a la Vía Real. Se construyó en el siglo XIII en piedra y se terminó en el siglo XIV con ladrillo rojo. En el siglo XVII se le añadió una cúpula barroca. A los lados de la puerta se conservan tres bastiones de las 39 torres que había.

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En las murallas algunos artistas venden sus cuadros durante todo el día.

Seguimos por la calle Florianska, llena de tiendas y restaurantes, en plena zona de la Vía Real, empezando en la esquina este de la Plaza Mayor hasta la Puerta de san Florián, hoy peatonal, peropor donde circuló el primer tranvía de caballos (1881) y el tranvía eléctrico (1901). A los lados vemos casas importantes, como la del pintor Jan Matejko.

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Volvimos al coche porque se nos pasaba el ticket de aparcamiento limitado, para dirigirnos a una parte que nos apetecía mucho conocer, para ir abriendo boca para la excursión final: Kazimierz, el barrio judío. Se fundó como ciudad en 1335 por el Rey Casimiro III el Grande pero los austriacos la anexionaron a Cracovia ene l siglo XIV.

En la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de sus habitantes fueron deportados al gueto de Podgorze (que visitaremos después). Aunque hoy en día es una zona animada llena de restaurantes, bares y locales de copas donde comer kosher y ver conciertos klezmer, como hacen los muchos universitarios, hasta que no se rodó la película «La Lista de Schindler», quedó totalmente abandonada y en estado ruinoso. En cualquier caso, los hechos que narra el libro, ocurrieron en el gueto. Es patrimonio de la Humanidad y lugar donde se celebra cada año el festival de cultura judía.

Empezamos a callejear desde la calle Szeroka, donde la «Synagoga Remuh«, la más pequeña pero la única que oficia hoy en día, con un pequeño y antiguo cementerio con inscripciones en hebreo, hasta la Plaza Szeroka, muy cerca, donde se encuentra la Sinagoga Vieja o «Synagoga Stara», la Sinagoga Tempel neorenacentista, la Sinagoga Kupa (1963, la más moderna). la Sinagoga de Isaac y la Sinagoga Wysoka, también llamada «Nowa Boznica» o Sinagoga Alta(foto).

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Todas son de pago, andan entre los 5 y los 9 PLN, y no todas las encontraréis abiertas aún yendo en el horario que indican… no sé por qué. Las mujeres debemos ir tapadas (rodillas, hombros, cuidado con los escotes, y pelo), por lo que os prestarán un pañuelo si no lleváis, y a los chicos a los chicos os darán una kipa (también llamada larmulke o solideo), una especie de gorrito para cubrirse la cabeza. Las visitamos solo por fuera, callejeando.

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Sinagoga Vieja
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Otra visita muy recomendable, es la de la Basílica del corpus Cristi Ko?ció? Bo?ego Cia?a, también llamada «de los canónigos regulares de Letrán». Es del siglo XIV, construida en ladrillo, de estilo barroco (campanario renacentista), y de dimensiones impresionantes. En 2005 se le do el título de Basílica menor y tiene 3 naves y una torre de 70 metros (foto).

A pesar de estar rodeada por una verja y tener un amplio caminito que la rodea, está algo desvencijada y por su exterior no parece que esconda nada espectacular. La rodeamos y decidimos entrar a echar un vistazo, y nos quedamos impresionados. Parece que fue restaurado tras el saqueo sueco, mezclando arquitectura barroca y gótica.

Lo más destacable es la sillería del presbiterio,  el mausoleo renacentista de Vladislao II, el púlpito con forma de barca, tallado en madera y con una decoración increíble, así como el órgano, que es el más grande de la ciudad. La entrada es libre.

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Después de dar ese paseo, con una temperatura perfecta y un día espectacular, volvemos a nuestro cochecito para cruzar el puente Bernatek (el que fotografiábamos de noche) para llegar al gueto Podgorze. De allí hay que visitar la Plaza Bohaterów Getta donde se simboliza la pérdida de las pertenencias de aquellos judíos desplazados aquí, con varias sillas repartidas por el lugar.

Seguidamente, nos dirigimos al Muzeum Fabryka Emalia Oskara Schindlera, es decir, el Museo de la Fábrica de Oskar Schindler (Lipowa, 4). De 10 a 14 horas, precio 21 PLN (16 reducida).

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«Mi versión» de la historia: Oskar Schindler era un industrial de la época, que se afilió al Partido Nazi no por simpatías, sino por prosperar. Las SS lo reclutaron como informante, lo que le posibilitó hacer contactos a los que les vendía utensilios para la guerra que, en muchas ocasiones, ni siquiera necesitaban. Para abaratar costes y por tanto aumentar beneficios, contrató mano de obra judía (se calcula que salvó a más de 1.200 personas) a la que le daba un trato mucho más humano que otros empresarios y, por descontado, que en los campos de concentración.

Schindler era bebedor y mujeriego hasta el punto de humillar a su mujer llevando una doble vida, pero su sensibilidad humana hizo que, al conocer el trato a los judíos y su muerte sistemática, siguiera empleándolos aun sin ser rentable, y contratar al máximo posible y a familias enteras, para salvar al máximo número de personas. Cuando tuvo que reorganizar la fábrica para atender pedidos de proyectiles, se atrevió a vender muchos defectuosos adrede, y no es que fuese una fábrica normal, las condiciones eran penosas, pero en comparación la vida allí era mucho más fácil y segura. Entre otras cosas, compraba a los vigilantes para que hicieran la vista gorda, les daba el doble del racionamiento de comida y agua permitido, tenían camas y baños…

Pero cuando todo pasó, se quedó solo y arruinado y aunque la comunidad judía le sacó de la miseria, ningún otro negocio le fue próspero.

Para aquellos de vosotros que hayáis visto la película o leído el libro, debéis tener en cuenta que no vais a poder ver la fábrica ni los lugares en los que ocurren los momentos más importantes de la narración. En este museo se recorre parte de la fábrica, muchas de las salas reconstruidas, para conocer la historia desde 1939 hasta el inicio de la época comunista que se inició al finalizar la guerra, por medio de la exposición permanente «Cracovia bajo la Ocupación Nazi entre 1939 y 1945». Hay reproducciones, piezas originales, vídeos documentales, objetos y fotografías de la época que nos muestran la vida en Cracovia antes y durante la ocupación nazi, cómo se trabajaba en la fábrica, el despacho de Schindler y de su contable…

Comimos a la salida, en un puesto ambulante de comida hindú muy barato y con raciones abundantes y exquisitas.

Para la tarde, nos decidimos a visitar un parque natural que se encontraba a unos 25 kilómetros: el parque nacional de Ojców  o Ojcowski Park Narodowy.

Nuestra idea era buscar diferentes puntos de interés que llevábamos apuntados: el castillo de Pieskowa Skala, del siglo XIV; la Capilla sobre el agua, diseñada en 1901, de madera clara y como los baños públicos de antaño (una teoría dice que era para evitar que perteneciera al zar de Rusia, pues decía que todo lo que estuviera en esa tierra era suyo, pero no sobre el agua… y parecida la otra que apuesta sobre la prohibición de construir lugares sagrados en la tierra de Ojców); las ruinas del castillo de Ojców del siglo XIX (se puede subir a ver el panorama por 2,5 PLN) y la cueva oscura (Jaskinia Ciemna). Nosotros solo encontramos la cueva del Rey que estaba cerrada y valía entrar 7 PLN (tiene un recorrido de unos 300 metros por galerías interiores) y la puerta de Varsovia que son dos piedras a derecha e izquierda de un camino, enormes.

En realidad, a nosotros más que buscar esos lugares, lo que nos gustó fue ir viendo las cuevas, las formaciones rocosas con formas raras, y ver un poco de naturaleza.

Después de esto, volvimos a casa y dimos un paseo sin rumbo para despedirnos de la ciudad y cenar ligero en casa. Al día siguiente, ¡había mucho más que ver!

Día 12. Zakopane

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