Día 10. La Rochelle
Nantes – La Rochelle: 143 km. 2 horas 10 minutos (peaje 7,50€) – A83.
En esta recta final, decidimos dormir un poco y centrarnos en el siguiente pueblo a visitar, ya camino a casa.
La Rochelle es precioso… El pueblo mezcla los palacios de piedra renacentistas con sus casas antiguas con entramados de madera y pizarra, mediante calles cubiertas con arquerías y soportales. Esta ciudad universitaria fue la puerta de Francia a Canadá y de muchas colonias de ultramar: esto nos lo recuerda, por ejemplo, la calle l’Escale donde hay adoquines de piedras utilizadas como lastre por los barcos procedentes de Canadá.

El casco viejo de la ciudad tiene hoteles del siglo XII, y como era una ciudad fortificada en forma de estrella, tiene también torres defensivas. Curiosamente, entre ellas había una cadena para evitar que entraran todos los barcos, de ahí el nombre de la torre de la Chaîne, donde cobraban las tasas y derechos además de hacer de puerta de entrada. La otra se llama la Lanterne (la torre de la linterna), de 70 metros, que fue faro y una cárcel. Nosotros fuimos en hora de cierre y nos quedamos sin poderlo ver el interior, que parecía interesante. Orientada al mar y frente a la torre de las Cadenas está la Torre de San Nicolás (del siglo XIV, la más grande con 42 metros de altura), y el reloj, uno de los monumentos claves del antiguo puerto por ser la antigua puerta fortificada, que tenía más de un arco en el 1672.
Las torres se pueden visitar sacando una entrada para todas ellas por 8,50€, o solo una de ellas por 6.
Al otro lado del puerto, está el viejo barrio de pescadores du Gabut y la Ville-en-Bois de alegres casas de madera multicolores, con uno de los mayores acuarios privados de Europa construido por el mismo que el de Zaragoza (precio 14,50€).

Hay una zona de mansiones y el edificio de la Bolsa, considerado uno de los ayuntamientos más bellos de toda Francia, de estilo renacentista, muy bonito también el Café de la Paix y “Les Minimes», el puerto que se encuentra al sur de la ciudad, con unos faros muy bonitos, donde nos alojábamos nosotros.
Hay un mercado tradicional donde se puede comprar comida y ostras baratísimas, en la Plaza du Marché.
Día 11. Isla de Olerón y llegada a casa
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