Llegada a Oporto y La Ribeira

1º Día de llegada. 

Probablemente no tengáis mucho tiempo para ver monumentos el día que lleguéis a Oporto, pero podéis aprovechar para pasear por la ciudad y ver algunas zonas interesantes. En el centro el aparcamiento está complicado… casi todo es zona azul de pago, y en casi todas las calles hay aparcacoches que os dirán dónde encontrar un hueco a cambio de alguna moneda. En nuestro caso tuvimos la suerte de ir en Semana Santa, así que todo era gratis por ser días festivos.

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Nosotros, como nos alojábamos cerca de la rúa da Bolsa (ver pre-viaje), en pleno centro histórico de la ciudad, aprovechamos para ver el edificio del Palacio de la Bolsa (está muy cerca de la iglesia de San Francisco). Es un ejemplo de palacio neoclásico (si bien la decoración es romántica) en el que tiene su sede la Cámara de Comercio e Industria de Oporto. El palacio ofrece tours guiados de media hora en los que se comenta la historia del lugar y se muestran las principales estancias, como el espectacular salón árabe, inspirado en la Alhambra de Granada. Faltaba poco para el cierre así que no entramos, pero os dejo aquí algo de  información: El Palacio de la Bolsa fue construido sobre las ruinas del convento de los franciscanos que se destruyó en un incendio. Su construcción comenzó en 1842 y pasó casi medio siglo hasta su inauguración en el año 1891. En el interior de este edificio Neoclásico, calificado como Monumento Nacional, se llega en un primer momento el gran patio central, o Patio de las Naciones, cubierto por una estructura de vidrio que deja entrar una gran cantidad de luz en el palacio. Subiendo por una preciosa escalera de granito y mármol, en la segunda planta se encuentran las habitaciones como la Sala Dorada, cubierta con pan de oro, la Sala de las Asambleas Generales, que parece cubierta con madera, y algunas otras salas hasta llegar a la más importante; la Sala Árabe. En los más de 300 metros cuadrados de esta sala de estilo morisco, inspirada en la Alhambra, se llevan a cabo las recepciones oficiales. Desde abril hasta octubre: de 9:00 a 18:30 horas. Precio: 7€.

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Doblando la esquina por la rúa da Bolsa está la Iglesia de San Francisco donde ver su recargado interior con ornamentos de características románicas, góticas y barrocas, hasta el punto de la exageración. Se pueden visitar también sus catacumbas.  Los frailes franciscanos comenzaron a construir la Iglesia de San Francisco en el año 1245. Más tarde tuvo que ser reformada tras el incendio que destruyó el antiguo claustro y parte de la iglesia. Aunque los orígenes de esta iglesia son románicos, posteriormente fue transformada al estilo gótico y más tarde adquirió decoración barroca. El Interior: tiene tres naves revestidas con tallas doradas, en las que se cree que se emplearon más de 300 kilos de polvo de oro. Tanto es el oro que reviste la iglesia que, años atrás, fue cerrada al culto por ser demasiado ostentosa para la pobreza que la rodeaba. En la nave lateral izquierda se encuentra uno de los mayores atractivos de la iglesia, el Árbol de Jesé, una escultura de madera policromada considerada una de las mejores del mundo en su género. Las catacumbas: Bajo el suelo de la Iglesia de San Francisco se esconden sus catacumbas, un lugar donde se encuentran enterrados muchos de los hermanos de la orden de los franciscanos así como algunas de las familias nobles de la ciudad. Además de las sepulturas, en las catacumbas hay un osario con miles de huesos humanos que se pueden observar a través de un cristal colocado en el suelo. Precio: 3,5€ – Desde marzo hasta octubre: de 9:00 a 19:00 horas. Tras esta visita, ya anocheciendo, nos fuimos a dar un paseo cerca del mar, en busca de un lugar donde cenar.

La Ribeira

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En la zona de Ribeira encontraréis decenas de restaurantes con terraza en los que degustar platos típicos portugueses mientras observas el Duero, las bodegas y el Puente de Luis I. Son un 20% más baratos que en España, aproximadamente, y siempre que vivas en una zona carilla, como en nuestro caso… Al final acabamos tomando unos sándwiches en la zona Vila Nova de Gaia (ver día 3), en un lugar precioso, por dentro decorado como si fuese un verdadero barco de madera. Era más o menos barato, pero tardaron una eternidad aunque el camarero se disculpó en varias ocasiones.

Día 2 en Baixa de Oporto y Zona Cordoaria

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