Edam
Visitar Edam no es que no sea turístico, pues siendo como es el pueblo típico quesero especialista en el tipo al que le da nombre, está muy concurrido. Sin embargo, la forma sí puede ser más divertida y atípica si la hacemos en bici.
Para llegar hasta Edam sólo tenéis que dirigiros hasta el transbordador que hay detrás de la estación central (además es gratis), y pasad al otro lado. Allí, veréis diferentes carteles (son negros con letras doradas), donde se indica la dirección que hay que tomar. Ni que decir tiene que todo es carril bici, por supuesto. Hay unos 15 kilómetros, por tanto tardaréis aproximadamente 1 hora para ir y otra para volver.
El camino es muy tranquilo y llano, no tiene ninguna dificultad. Pero no os olvidéis de llevar agua, gorra y protección solar si sale un día de calor. El recorrido sigue la senda de los canales. Todo el tiempo iréis viendo gente pasar en kayak, lanchas y todo tipo de embarcaciones. También hay algunos tramos donde hay instaladas casitas prefabricadas con salida directa al canal donde la gente se baña y nada. ¡Ah! ¡Y buscad patos, están por todos lados!
Por todo esto, cuando calculéis el tiempo que queréis pasar, multiplicadlo por dos. Si decidís dedicarle todo el día, mejor porque por el camino se pueden hacer algunas paradas o incluso coger algún desvío. Las más interesantes que os propongo son una parada a mitad de camino, en un pueblecito muy pequeño llamado Waterland, a unos 7 kilómetros del transbordador. Más que un pueblo, veréis que es más una especie de barrio residencial de lujo con construcciones entorno a un lago por donde cruza un canal. Las casas son como de cuento, preciosas, con sus porches con banquitos y mesas donde relajarse, columpios en árboles, jardines bien cuidados y detalles de lujo. Además, cuenta con una iglesia donde también ofrecen información turística. Vale la pena parar y leer el tríptico que te ofrecen, con la historia y curiosidades de la iglesia, más teniendo en cuenta que es gratis, a diferencia del resto de iglesias de Amsterdam, y siendo muy representativa de su estilo y época. Por cierto, tiene baños públicos.
Lo ideal es hacer esa parada a la ida, y a la vuelta, un poco antes de llegar al transbordador, descansar en Noordepark. No estoy muy segura de la frecuencia en la que preparan actuaciones, pero cuando estuvimos nosotros tocaron unos chicos en el kiosco que hay cerca del único bar del parque. Además de la enorme campa donde tumbarse a descansar, cara a un laguito que hay en el medio, tiene bancos por todos lados y un parque infantil.
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