Coba

5º Excursión: Coba

En medio de la selva se encuentran estas ruinas espectaculares de enigmático nombre (no se sabe de dónde procede). Su horario es de 8 a 18 y cuesta unos 65 MXN. Si no quieres pagar los 40 pesos de aparcamiento, puedes dejar el coche un poco alejado.

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Muy recomendable hacerlo por libre (hay cartelitos que indican los itinerarios que os llevan hasta los lugares de interés). Descartamos las bici-taxis y nos alquilamos una destartalada bicicleta para cada uno por 2 pesos, creo recordar, muy barato y muy agradable y divertido, ir descubriendo por el camino de tierra la selva rodeando las ruinas.

Antes de llegar a la pirámide más alta del Yucatán, Nohuch Mul (en maya, montículo), no os perdáis otros lugares muy bien conservados y originales, como un juego de pelota (en el que el perdedor era castigado con la muerte), la pirámide a la derecha de la entrada, preciosa pero que no permiten escalarla, y quizás otras muchas que hayan descubierto cuando vayas, pues en ese momento solo se podía ver un 10% de las estructuras que existieron cuando la ciudad estaba a la vista.

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Sin ánimo de comparar, esta visita fue la sorpresa de México. Nos encantó subir hasta arriba y luego bajar tan impresionados de las vistas como concentrados en los peldaños. Mucho cuidado, aunque no lo parezca, es fácil tropezar por su inclinación, efecto óptico y 120 escalones mareantes que suman 42 metros de altura… ¡Mejor tener cerca la cuerda!

Nuestra visita duró más de dos horas porque aun yendo rápido en las bicis, hicimos paradas largas mirando al detalle lo que tallaban en la piedra, poniendo la orejilla cuando algún guía contaba alguna anécdota a algún grupo de turistas, y admirando la increíblemente espesa vegetación que se ve una vez arriba de la pirámide. Eso sí, no vimos monos como algún bloguero nos contaba… ¡a ver si vosotros tenéis más suerte!

Al salir de aquí, pasaréis por diferentes pueblos donde comer, o podéis acercaros a San Juan de Dios. Nosotros, como no madrugamos mucho, preguntamos a un señor que estaba arreglando su coche (¿o era un taxi?) cerca de la calle donde aparcamos y nos recomendó el que regentaba con su mujer. 🙂 Como teníamos un hambre considerable,  aceptamos y no nos arrepentimos.

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El lugar estaba mejor puesto que el del día anterior y fue más caro aunque dado el sitio donde estaba, nos pareció normal (y para nosotros sigue siendo muy barato). Tampoco anoté el nombre pero lo veréis a pie de carretera, en el acceso al yacimiento arqueológico, con un cartel donde se ofertan cocos y otras exquisiteces. De  nuevo, la comida mejicana nos enamoró, no nos resistimos a probar los platos más raros que nos ofreció, los que no conocemos por ser menos típicos o menos exportados, y comimos como reyes. Bueno, concretamente como incas.

6º Excursión: Tulum

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